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El socio mayoritario
Jun | 2011 (GMT-3)

No son pocas las personas que encasillan a Dios en ciertos ámbitos de la vida. Pero, ¿qué hay de nuestra vida profesional? ¿Cuál es la participación de Dios allí? Quién es el que tiene el total control.

hombres de negociosUna compañía de desarrollo de bienes raíces estaba interesada en que yo les hiciera un trabajo de consultoría. Mientras hablábamos, uno de los empleados de la firma dijo:

–Antes de tomar una decisión, tendremos que discutirlo con nuestro socio mayoritario, George Bunting. El señor Bunting es dueño del interés controlado de nuestra firma. No queremos hacer nada sin su aporte y su visto bueno.

Al retirarme de su oficina, recordé que Dios debe ser el socio mayoritario para el cristiano. Antes de tomar nuestras decisiones de negocios, debemos obtener el aporte y visto bueno de Dios. Sin embargo, para algunos de nosotros es más fácil decirlo que hacerlo.

Los dueños de negocios quieren ganar dinero. Pero la mayoría tiene a la vez otra meta: también quieren estar a cargo. Debo admitir que, para mí, el poder que acompaña el ser dueño es muy atractivo. Me gusta la idea de ser dueño de "mi" negocio. Disfruto tener la última palabra, tomar las decisiones, correr los riesgos y cosechar los beneficios cuando "yo" soy exitoso. Me da gran satisfacción el sentir que "yo" llevo las riendas.

Es más, a menudo siento que tengo el derecho de tener el control; al fin y al cabo, yo asumo los riesgos. "Mi" dinero comenzó el negocio. "Mi" tiempo se dedicó a hacer algo de la nada. "Mis" ideas solucionaron los problemas.

Como resultado de este tipo de actitud, a muchos empresarios y personas les parece difícil entregar sus asuntos a Dios. O algunos de ellos lo hacen de "la boca para afuera", pero cuando llega el momento de buscar su voluntad sinceramente al tomar una decisión de negocios, o poner a Dios por encima del dinero, su compromiso resulta vacío.

La consecuencia
Recuerdo haber luchado con esto en mi vida. Había trabajado bastante duro para echar a andar mi empresa. Había construido su reputación y temía que si le permitía a Dios asumir el control, Él podría decidir hacer algo que fuera contrario a mis deseos. ¡Podría aun decirme que hiciera otra cosa con mi vida!

Debido a esos temores, me costó mucho tiempo llegar al punto de decir: "Está bien, Dios. Tú eres mi socio mayoritario. Te entrego el interés controlador de mi negocio".

Uno de los versículos que al fin me ayudó a tomar esa decisión está en Jeremías 29:11: "Porque yo sé muy bien los planes que tengo para ustedes –afirma el Señor–, planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza". También descubrí Job 22:21: "Sométete a Dios; ponte en paz con él, y volverá a ti la prosperidad".

En estos versículos Dios dice que tiene un plan para nosotros; específicamente: Él nos hará prosperar si nos sometemos a Él, y vivimos en paz con Él y con nosotros mismos. Esta promesa, además, no se limita únicamente a nuestros negocios. Él nos hará prosperar en cada área de nuestras vidas, incluyendo nuestro hogares, nuestras relaciones, nuestra calidad de vida, etc. ¡Todo lo que debemos hacer es someternos a Él!

Y lo importante, al entregarnos a Dios, es que no estamos perdiendo el control. Al contrario: Dios nos está ayudando a mantener todos los aspectos de nuestras vidas bajo control. No perdemos un negocio, ganamos un socio, un socio que dice: "Yo te instruiré, yo te mostraré el camino que debes seguir; yo te daré consejos y velaré por ti" (Job 32:8).

Eso no se parece a un socio que nos quita algo; se parece a alguien que está totalmente comprometido a ayudarnos, enseñarnos y aconsejarnos para que podamos experimentar el mayor éxito posible.

No puedo hablar por ti, pero yo necesito ese tipo de ayuda en la marcha de mi compañía. No conozco a ningún otro consultor en ninguna parte que pueda hacer más por tu negocio que lo que Dios promete hacer. Y créeme, se ha probado vez tras vez que Él es un socio mayoritario confiable.

Cuando le entregas una situación al Señor, y luego te sales del camino, el Señor siempre soluciona las cosas mejor de lo que tú pudieras haberlo hecho por tu cuenta. A decir verdad, no estoy sorprendido. Porque como Dios promete en el Salmo 32:8, nos instruirá y guiará por el mejor camino para nuestra empresa.

Aun sigo aprendiendo mucho acerca de vivir estas verdades en el quehacer diario. En Lucas 9:23, Jesús dijo: "Si alguien quiere ser mi discípulo, que se niegue a sí mismo, lleve su cruz cada día y me siga".

En este versículo el Señor dice que con cada decisión, debo escoger si voy a hacerlo por mi cuenta o si buscaré el aporte de Dios. Debo decidir quién tiene el poder del veto: yo o Dios. Y aunque Él quiere ser mi socio mayoritario con el interés controlador en mi vida, nunca utiliza su poder para apocarme.

Como vimos en Jeremías 29:11 y en Job 32:8, Dios solo quiere lo mejor para nosotros. Nuestro trabajo, por lo tanto, es reclamar sus promesas y confiar que actuará en procura de nuestros mejores intereses.

A veces pienso que nos enredamos en la trampa mental de creer que Dios solo se interesa por nuestras necesidades genéricas, tales como alimento, abrigo y vestimenta. Sin embargo, el Salmo 37:4 deja en claro que también nos dará nuestros deseos, siempre que antes nos deleitemos en Él; o sea, mientras lo pongamos a Él primero.

A lo largo de estos últimos años he aprendido que Dios se involucrará tanto en nuestros negocios como se lo permitamos. Depende de ustedes. Como Jesús mismo dijo: "Pidan, y se les dará; busquen, y encontrarán; llamen, y se les abrirá. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abre. ¿Quién de ustedes, si su hijo le pide pan, le da una piedra? ¿O si le pide un pescado, le da una serpiente? Pues si ustedes, aun siendo malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más su Padre que está en el cielo dará cosas buenas a los que le pidan!" (Mateo 7:7-11).

A menudo me pregunto cuánto trabajo innecesario me creo a mí mismo, en cuántos gastos innecesarios incurro y cuán a menudo pierdo buenos negocios, porque no incorporo las verdades de estos versículos a mi vida y a mis negocios.

En verdad pienso que este pasaje debería ser enmarcado y colocado en el escritorio de todo hombre de empresa. Todos perdemos tiempo, energía y dinero porque no le permitimos a Dios involucrarse en nuestras vidas y en nuestros negocios.

Dios nunca nos obliga. Al revés de lo que hacen muchas personas de negocios, nunca ingresa donde no es bienvenido. Nunca infringe las áreas de autoridad de otras personas. Sin embargo, cuando se necesita su ayuda, Él siempre está disponible. Cuando le presentas un problema, siempre tiene la respuesta adecuada. Y ningún problema es demasiado grande ni demasiado pequeño para su atención.

Quiero desafiarlos personalmente a instalar a Dios como socio mayoritario, un socio con el interés controlador en sus negocios. Por eso quiero pedir que te comprometas a buscar el aporte de Dios en el proceso de toma de decisiones. Buscarás su voluntad por encima de la tuya. Al hacer planes le pedirás a Dios que te dirija en el desarrollo de esos planes.

Si Dios es tu socio mayoritario, respetarás su juicio, aporte y opiniones. Cuando pidas su ayuda y Él te dé la respuesta o solución potencial, no la rechazarás; se la agradecerás y actuarás sobre esa base. Al hacer esto, comenzarás a experimentar el real significado del éxito en los negocios.
El negocio de DiosDescubrirás una realización en tu vida y en tu trabajo que nunca has conocido. Y a medida que hagas a Dios el Señor de tu negocio, podrás descubrir que Dios tiene planes y propósitos para tu empresa que sobrepasan tus mayores anhelos.

Tomado del libro: El negocio de Dios de Unilit

Myron Rush


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