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Ofrendas de gratitud
Jul | 2008 (GMT-3)

No son pocas las personas que piensan que ofrendar es un tema menor. Por el contrario, Jesús ha hablado claramente acerca del dar.

Gary Chapman
Gary Chapman
Es interesante que cuando Dios manifestó los principios por los que el pueblo de Israel debía vivir, incluyó el mandato de dar (Levítico 27:30-34).
Dios no se refirió a dar en términos ambiguos; por el contrario, especificó que la gente debía dar la décima parte de sus ingresos. La palabra consagrado significa “separado”. Debían separar la décima parte de sus posesiones y destinarlas específicamente a la obra de Dios. Esa ofrenda era administrada por los levitas, los líderes espirituales de Israel, y se usaba para suplir sus necesidades tanto como las de los pobres. Además del diezmo, también se enseñaba al pueblo a dar ofrendas.

Más adelante descubrimos que Dios no cambió de idea respecto al mandamiento de dar. En Malaquías 3:8-12 vemos que la bendición de Dios está ligada a la fidelidad del pueblo de Israel de entregar a Dios una décima parte de sus ganancias. Y la maldición de Dios, el ser privados de su bendición, está vinculada con la negativa a dar.
En el Nuevo Testamento Jesús confirmó la idea de dar el diezmo de nuestro ingreso, a la vez que señalaba a los líderes religiosos de su tiempo que esa ofrenda debía estar acompañada por una vida piadosa.

Jesús destacó que ofrendar el diez por ciento de los ingresos no debe practicarse como un deber religioso, sino como una expresión de gratitud del corazón; junto con la ofrenda uno tiene que mostrar compromiso con la justicia, la misericordia y la fidelidad a Dios.
Jesús enseñó claramente que la bendición de Dios en nuestra vida está ligada a nuestro espíritu de gratitud, y esta se expresa en la generosidad. Jesús dijo: “Den, y se les dará: se les echará en el regazo una medida llena, apretada, sacudida y desbordante. Porque con la medida que midan a otros, se les medirá a ustedes” (Lucas 6:38).

Pablo dice que debemos dar por la gratitud del corazón, no por un sentido de obligación. También declara que, cuando damos, nuestros recursos no disminuyen porque Dios suple con abundancia todo lo que necesitamos.
La pregunta, entonces, no es si daremos; la cuestión es cuánto daremos.

dineroSiempre he sentido firmemente que si Dios requirió diez por ciento del antiguo Israel, entonces quienes hemos experimentado su perdón y el don de la vida eterna por Cristo nuestro Señor, debemos dar más que eso. Creo que diez por ciento de nuestro ingreso es un buen comienzo, y que debería ser sobre el máximo de nuestros ingresos regulares. Luego, a medida que seamos conscientes de oportunidades o necesidades especiales, podemos dar ofrendas adicionales. En el Antiguo Testamento Dios esperaba que Israel diera el diez por ciento, e incluso declaraba que eso ya le pertenecía. ¿Por qué creemos que esperaría menos de nosotros?

Siempre desafío a las personas cristianas a que den el diez por ciento de sus ingresos a Dios, y se acomoden a vivir con el noventa por ciento restante. Eso podría significar que tengan que disminuir el estándar de vida, pero a la larga se elevará la calidad de su vida. R. G. LeTourneau fue tan bendecido que en los últimos años de su vida daba noventa por ciento de sus ingresos a Dios, y vivía con el diez por ciento que le quedaba. En una oportunidad dijo:
– La pregunta no es cuánto de mi dinero doy a Dios, sino cuánto del dinero de Dios guardo para mí.
Había aprendido el gozo de dar.

Siempre me ha sido útil recordar que no doy a la iglesia, sino más bien a Dios por medio de la iglesia. No ofrendo a organizaciones cristianas, más bien ofrendo a Dios por medio de las organizaciones cristianas. También hay un momento para ser generoso con las personas que pasan necesidades.

Nuestro dineroLos cristianos que reconocen que todo lo que tenemos es un don de Dios, expresan esa convicción dando de lo que han recibido. Ofrendar es una expresión de gratitud. La cantidad que damos y los canales por medio de los cuales ofrendamos pueden variar, pero la actitud es siempre la misma: “Gracias, Padre, por tu bondad para con nosotros”.

Tomado del libro: Nuestro dinero de Editorial Tyndale House Publishers

Gary Chapman


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