| La Corriente | ||||
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Palabras que dan vida Ene | 2012 (GMT-3) Que nuestras palabras puedan ser instrumentos de edificación y de bendición para nosotros mismos y para los que nos rodean. Ser conscientes del poder que sale de nuestros labios.
Desde el día en que nacemos, aprendemos a comunicarnos con otros. Pero esta comunicación está ligada mayormente con la confesión de la boca. Esta confesión es la manifestación de lo que guardamos en nuestro corazón. Es decir, primero pensamos y luego expresamos la idea con la boca. Según los especialistas en el tema, los hombres hablan unas veinte mil palabras por día, mientras que las mujeres hablan unas treinta mil. De modo que una persona ordinaria habla unas seiscientas millones de palabras durante toda su vida. Se necesitan aproximadamente unas veinte mil palabras para escribir un libro. De manera que escribimos un libro todos los días. Por lo tanto, la cuestión es qué clase de palabras escribirá en el libro de su vida. El Talmud enseña: "Las palabras son siervos cuando están en la boca, pero dueños cuando salen de ella". Proverbios es un libro de sabiduría. Habla de diversos temas cotidianos de mucho provecho. Sin embargo, ¿sabía usted que el tema principal de este libro es la confesión de la palabra? El autor dedica ciento veinte versículos para hablar de este asunto. La Biblia dice: "En la lengua hay poder de vida y muerte; quienes la aman comerán de su fruto" (Proverbios 18:21). Un grupo de científicos realizó un experimento muy interesante. Reclutaron a personas comunes y corrientes, y las dividieron en dos grupos. Al primer grupo se le dijo que tenía que decir palabras positivas y de bendición, mientras que el segundo grupo tenía que decir malas palabras e insultar. Tomaron sus alientos en bolsas vinílicas, lo congelaron a menos de doscientos grados centígrados bajo cero, y luego de convertirlo en líquido, lo inyectaron en ratones. Para la sorpresa de muchos, aquellos ratones que fueron inyectados por los alientos del grupo B, perdieron sus defensas inmediatamente, y al cabo de dos horas murieron, en tanto que los ratones que fueron inyectados por los alientos del grupo A reaccionaron de forma positiva; corrían de un lado a otro y saltaban de alegría. ¿Qué significa esto? Que en nuestras confesiones existe un poder que vivifica o destruye, que da vida o muerte. Pero lo cierto es que el lenguaje viene a ser el espejo de nuestro corazón. El corazón es invisible, pero se hace visible mediante nuestras palabras. Por lo tanto, si usted quiere conocer las intenciones de una persona, debe oír atentamente sus palabras. "Pero lo que sale de la boca viene del corazón y contamina a la persona" (Mateo 15:18). Entonces, ¿cómo debe ser nuestra confesión? Nuestra confesión debe caracterizarse por la convicción, porque la convicción es sinónimo de fe.
La confesión de la boca con convicción mueve el corazón de quien lo escucha. Elías movió el mundo al decir: "… Te juro que no habrá rocío ni lluvia en los próximos años, hasta que yo lo ordene" (1 Reyes 17:1). Josué hizo lo propio al decir: "… Sol, deténte en Gabaón, luna, párate sobre Ayalón" (Josué 10:12). Y Jesús movió las circunstancias al decir: "¡Silencio! ¡Cálmate!" (Marcos 4:39). Henry Ford era apenas un joven desconocido cuando se encontró con Thomas Edison, el rey de la invención. Cuando Henry Ford le explicó que tenía el sueño de inventar la batería del automóvil, Edison le dijo, sonriente: "¡Qué buena idea! ¡Seguro que lo lograrás!". Simplemente palabras, una palabra positiva. Mucho tiempo después, cuando ya Henry Ford se había hecho famoso en el mundo, escuchó un día la noticia de que el laboratorio de Thomas Edison, quien ya tenía 67 años de edad, se había incendiado. Inmediatamente, le envió un cheque de setecientos cincuenta mil dólares sin cargo, porque quería, de alguna manera, devolverle el gran aliento que le había dado cuando recién se iniciaba en su rubro. En mi país, hay un dicho que dice: "Una palabra paga la deuda equivalente a mil". Por lo tanto, hable positivamente. Su confesión de palabra obrará el milagro. Confiese y espere que Dios mueva la diestra de su poder. Otro aspecto es la simplicidad. Al comienzo de mi ministerio, tuve que luchar con mi arrogancia académica. Quería predicar con palabras difíciles y sorprender a la gente con las más recientes teorías teológicas, pero no era nada efectivo. Un mensaje es bueno siempre y cuando la gente lo comprenda. De manera que al hablar utilice palabras que puedan ser comprendidas aun por un estudiante de la escuela elemental. Ariel Kim
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