| La Corriente | ||||
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Qué rol juega nuestra conciencia? Jul | 2010 (GMT-3) Hay individuos que creen que la conciencia es una guía de acción. Pero a la luz de Las Escrituras, veremos que esto no es así, ya que ellas dependen de algo mucho mayor. En busca de la voluntad de Dios.
¿Cómo respondemos a esta interna conversación casi constante? ¿Acaso pensamos: “Bueno, no quiero pensar de esta manera”? ¿O contemplamos los pensamientos durante un tiempo hasta que un sentido de culpabilidad vuelve a situarnos en el buen camino? Sabemos que los pensamientos que se contemplan demasiado tiene el peligro de convertirse en hechos. Sin embargo, todavía nos vemos en una batalla constante con nuestras reflexiones internas. ¿De dónde vienen todas esas voces? ¿Nos están comunicando alguna clase de “canal de charla de un Internet espiritual” en nuestras mentes? Entender lo que constituye la conciencia humana ayuda a explicar esta experiencia interna. Conciencia en La Biblia El diccionario Webster define conciencia como un “conocimiento o sentir de lo correcto y lo incorrecto, con una compulsión hacia lo correcto; el juicio moral opuesto a la violación de un principio ético reconocido previamente”. La conciencia es una parte vital de uno mismo, ya que este cumple un papel de arbitraje en el discernimiento moral. La Biblia habla poco acerca de la conciencia. No existe una palabra en hebreo para conciencia. El término en griego, como en latín, es un término que significa “saber con”. A menudo que ese término se desarrolló, comenzó a usarse para retratar una función interna de reflexión moral, especialmente el dolor que uno siente cuando el conocimiento secreto y privado llega a ser conocido o se violan las normas. En el Nuevo Testamento hay casi treinta usos del sustantivo conciencia. Las epístolas de Pablo llevan el liderazgo con veintidós, el libro de Hebreos tiene cinco y 1 Pedro contiene tres. Pablo en particular se compromete con la idea de la conciencia en 1 Corintios. Él desarrolló su perspectiva de conciencia a través de su interacción con la iglesia de los corintios. De estos pasajes podemos tomar la siguiente definición y descripción: “La conciencia es un conocimiento interior crítico, un testigo en referencia a las normas y valores que reconocemos y aplicamos. La conciencia no crea normas y valores, pero solo responde a nuestra “programación” existente.
La conciencia y los valores deben distinguirse. Cuando recibimos información para evaluarla, la filtramos a través de nuestro punto de vista y de nuestro conjunto de valores. Nuestra conciencia relata la información de nuestros valores y nos alerta cuando la información viola los valores que reconocemos y aplicamos. Cuando la conciencia nos alerta de un conflicto de valores, debemos revisar nuestro conjunto de valores de acuerdo a nuestra comprensión de La Palabra de Dios. Por lo tanto, la conciencia no es un agente separado que nos comunica información, sino que es una herramienta de autorreflexión que Dios nos da para mantenernos fieles a lo que creemos. Con este panorama en mente, miremos más de cerca lo que nos dice La Biblia. La conciencia es en primer lugar una capacidad dentro de nuestra propia conciencia para el propósito de la autocrítica. Pablo hace una declaración fascinante en 1 Corintios 4:4: “Porque aunque la conciencia no me remuerde, no por eso quedo absuelto; el que me juzga es el Señor”. La traducción de “la conciencia no me remuerde” en la Nueva Versión Internacional toma el lugar de las palabras literales: “no sé nada en contra de mí mismo”. Cuando Pablo medita en su relación con los creyentes corintios no podía hacer surgir un solo pensamiento que lo condenara a él o a sus acciones. Al mismo tiempo, reconocía que su propia autocrítica estaba limitada. La conciencia tiene sus limitaciones. Solo puede relacionarse con cómo nos vemos nosotros mismos. Más allá de esto, debemos rendirle cuentas a Dios. Esto implica con claridad que la conciencia no es un tipo de voz directa de Dios que nos envía mensajes a pesar de nosotros mismos. Para decirlo de otra manera, la ausencia de convicción no justifica una acción en sí misma. Si estamos considerando un pensamiento o acción, y nuestra conciencia no nos da luz roja, ¿estamos libres para seguir ese pensamiento o acción? No lo creo. Debemos tener razones que justifiquen nuestras acciones, no solo sentimientos de bueno o malo. Muchas veces los cristianos seguirán un curso de acción porque, como diría alguien: “Mi conciencia no me prohíbe hacer esto, por lo tanto, no puede estar mal”. Esta es una comprensión incorrecta del papel de esa voz interior. La conciencia es una sirvienta de nuestros valores. Si estos están equivocados, no estaremos convencidos de los errores, pero ingenuamente imaginamos que estamos bien. Nuestra responsabilidad es evaluar nuestros valores a la luz de la transformación continua de nuestra mente. Por el uso del término en el Nuevo Testamento, la conciencia es un conjunto de acciones sobre la base de la perspectiva y los valores que practicamos. La conciencia no nos comunica nueva información, sino que solo nos estimula a mantener lo que ya sabemos. Tomado del libro: Decidiendo a la manera de Dios de Editorial Vida Gary T. Meadors
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