| La Corriente | ||||
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Emprender el Regreso a Casa Mayo | 2010 (GMT-3) Ciertas circunstancias de la vida nos llevan a lugares inesperados en donde nos sentimos frustrados. ¿Es factible volver al hogar luego de haber vividos situaciones que dejaron sus huellas?
¿Alguna vez te has sentido como si todos los índices te apuntaran a ti, tal vez de tu familia o de tu jefe? ¿Todavía oyes la frase “este es un lindo lío en el que tú nos has metido” resonando en tus oídos? Tuvimos nuestros altos y bajos. Hubo tiempos en los que, económicamente hablando, estuvimos tan “abajo” que nos preguntábamos literalmente cómo sobreviviríamos. Los desafíos físicos fueron igualmente difíciles. Recuerdo una vez cuando Jennie tuvo tres operaciones en dieciocho meses, y tomé un cargo temporáneo en una iglesia que estaba atravesando un momento difícil. No estoy seguro de que haya tomado la decisión correcta yendo allí. Y no estoy seguro de que haya tomado las decisiones correctas mientras estaba allí. Pero estoy agradecido de que cuando me las arreglaba para abrirme camino, mi esposa halló la paciencia y fuerza necesarias para caminar a mi lado. Algunas veces nos hemos sentido exhaustos. Pero simplemente seguimos andando. ¿Qué es lo que hace que ella sea tan impredecible? Por un lado, debemos lidiar con las variables que la vida tiene, aquellas cosas que pueden cambiar todo lo demás. Eso puede incluir hechos y circunstancias como ser enfermedades serias, una caída de la bolsa, una traición inesperada de nuestros mejores amigos, o el automóvil que viene directamente hacia ti y de repente se mete adentro de tu vehículo. Si la lista parece interminable, entonces así también será la frustración. Desde nuestras fobias hasta nuestro desagrado por los vegetales, todo tiene un impacto en nuestras vidas. Debemos comprender que la perfección no es el objetivo, ni tampoco es requerida en nuestro camino. Un viaje exitoso precisa, como primer paso, que uno se esté encaminando hacia la dirección correcta. De modo que el primer paso para salir del problema resulta ser la sencilla decisión de arreglárselas para salir hacia algo mejor. Tan solo hacía una década o dos que Noemí había tenido todo lo que creía que deseaba: un buen esposo, bien respetable y exitoso en la comunidad, y dos hijos que llevarían adelante el nombre de la familia y los negocios. Y todo eso tenía lugar en la misma aldea en donde ella había crecido con amigos de toda la vida y una gran familia extendida. Entonces vino el problema. Primero, el golpe del hambre. Luego, su esposo, Elimélec, decidió mudar a la familia a Moab para aguardar allí hasta que el hambre pasara, mientras que establecía una nueva empresa en otro país. Allí fue cuando la vida de Noemí comenzó su agonizante deslizamiento hacia el hoyo de la pérdida y la desesperación. Las cosas parecieron empezar a verse un poquito mejor cuando las noticias del pan en Belén encendieron la ya olvidada esperanza y deseo en los deprimentes pensamientos de Noemí. Ella rápidamente se decidió a volver al hogar. Noemí debe haber pensado para sí misma: “Bueno, yo tenía una granja. Tal vez deba ir y ver… quizás pueda salir de este problema que vivo en Moab”. Eso era una complicación, tal vez una reconfortante complicación, pero una complicación al fin. Era tiempo de arreglárselas para salir de otro problema más. Luego de la declaración de Rut y su apego determinado, ¿qué podía hacer Noemí? Estaba contenta con su compañía y lealtad, pero preocupada por ella e insegura por su futuro. ¿Y qué otra cosa podía decir luego del discurso apasionado de Rut? Noemí estaba genuinamente preocupada por el futuro incierto de Rut en Belén. No había nada de aprecio por los moabitas en su aldea, y Rut era una bella viuda joven sin hijos ni hombre de autoridad que la protegiera. Siendo una mujer extranjera sin compromisos, podía hasta ser considerada una “chica fácil” por los hombres menos escrupulosos de esa sociedad. Con todo, incluso el pródigo tuvo su último día en el chiquero. Noemí intentaba prolongar su estadía en el chiquero de las actitudes rencorosas hacia la indiferencia de Jehová. Estaba convencida de que se había convertido en el blanco del “castigo” hacia ella por causa de las decisiones de su esposo. Noemí abrazó plenamente esta amargura. Aun cuando sus pies apuntaban hacia la Tierra Prometida, su mente estaba atascada en Moab. Pero tenía la “ventaja del pródigo”: cuando todo estaba perdido… al menos conocía el camino a casa. Parecía obvio que el Dios de Israel la había tachado de su lista de “los más benditos y altamente favorecidos”. ¡Pero qué error cometía! En otras palabras, ten cuidado cuando juzgas a la gente, porque nunca sabes cuando este día puede pasar a ser el último día en el chiquero… o en Moab. Afortunadamente, uno de los beneficios del proceso de “arreglárselas para salir del problema” es que ves mejoras inmediatas o progreso positivo cuando el asunto comienza a tomar una dirección. Tan pronto como ella deja Moab, ese lugar deja de ser su hogar. Moab es ahora tan solo el sitio que ella ha dejado atrás. El recuerdo de Moab se desprende de ella como una prenda que cuelga suelta sobre los hombros debería caer prontamente al suelo. Y ahora, el lugar que es nombrado es la tierra de Judá, la tierra a la cual está regresando. De Noemí aprendemos que teshuva, el “arrepentimiento” o “retorno”, es un proceso que se aferra del rayo de esperanza presente en el reporte de que Dios ha recordado a su pueblo y está proveyéndoles pan. Tal vez Noemí sintió que su suerte estaba sujeta a “la lotería de la casualidad”. Sentía que estaba fuera del favor de Dios, a la total merced de “lo que venga”.
Vemos la desintegración de un sueño y la muerte de la esperanza, todo en solo tres breves frases. Con una oración de solamente tres palabras, el frágil sueño de Noemí y la esperanza de ver imágenes positivas se hizo pedazos con el torbellino de recuerdos de más de una década de desilusiones consecutivas. El rabí Ruth H. Sohn captura las emociones del momento en estas palabras: “Donde Noemí había esperado hallar consuelo, su abrasador sentido del dolor la desgarra más fuertemente en presencia de sus memorias… ‘Noemí, ¿eres tú realmente?’ sus amigas gritan cuando la ven. La abrazan con fuerza entre medio de risas y llanto, tocando las arrugas de su rostro con dulzura. Ella responde: ‘Salí de aquí llena, pero regreso vacía. No soy la misma mujer que cuando me fui…’”. Desearía poder haberle dicho a Noemí: “¡El camino de regreso es el camino hacia lo mejor! Quédate con la lección aprendida, pero deshecha la experiencia”. No puedo volver atrás la historia y gritárselo a Noemí, pero puedo decírtelo a ti: retén la lección y deshecha la experiencia. Irónicamente Noemí ni siquiera recordó o pensó en presentar a Rut. La maravillosa verdad estaba oculta debajo de sus mismas narices: no estaba sola. De hecho, Dios le envió su propio “botiquín de emergencia” para el camino de regreso al hogar. La vida en “la zona complicada” El camino de teshuva [regreso] no siempre es un ascenso libre; hay descensos y valles. La esperanza de Noemí se cambia en desesperanza antes de encontrar la realización en el nacimiento de un nieto. Y así es con nosotros: el proceso de teshuva es a menudo superar obstáculos y sentimientos de desesperanza, mientras avanzamos hacia la esperanza de una vida renovada y de redención”. Para poner las cosas en perspectiva, si finalmente te encaminas a casa otra vez después de perder todo como Noemí lo hizo, ¡entonces tu punto de referencia para la vida “normal” incluirá grandes raciones de ruina, de desesperación y la experiencia humana más baja que todo el mundo trata de evitar! Cuando provienes de ese punto en la vida, hasta el hecho de arreglártelas para salir de los problemas se ve bien. ¡Al menos hay señales de vida y posibilidad de esperanza en medio de ese embrollo! Ezequiel nos advierte que habrá tiempos en que las cosas lucen bien, con pasturas verdes y aguas cristalinas, hasta que alguien –o algo– embarra el agua. ¿Alguna vez otra oveja ha ensuciado tu agua para beber? (Ezequiel 34:17). ¡Paciencia amigo! Solo espera un poquito y se limpiará. Así es como te las ingenias para salir adelante en esta vida. ¡Paciencia amigo! ¡Se limpiará! Sorpresas desde lugares inesperados Noemí lanzó la expedición de regreso a casa con la determinación de llevar a cabo físicamente lo que ya había decidido mentalmente. Fue como si se hubiera dicho a sí misma: “Si puedo encontrar un camino de regreso, entonces habrá un camino de ingreso”. El dolor de Noemí saltaba a la vista para todos, y casi la paraliza. Tenía una grave necesidad de alguna intervención que destrabar el atolladero de las malas noticias y el dolor en su vida. Dios ya había suplido sus necesidades hacía años en la forma de su humilde nuera moabita. Rut parecía tener una habilidad de pasar por alto las objeciones, obstáculos y los procedimientos protocolares de la sociedad judía. Aparentemente, mientras Noemí todavía se estaba curando las heridas del pasado, Rut ya estaba proveyendo para el presente. ¡Qué bendición! ¡Todos necesitan una Rut! Cuando Rut le pidió permiso a Noemí para hacer algo que era realmente riesgoso para una mujer extranjera viuda en una cultura hostil, Noemí masculló una respuesta a través de la neblina de la distracción: pero Dios estaba en los detalles. La primera vez en Noemí llama a Rut “hija” figura en Rut 2:1-2. Antes de eso había sido su “nuera”. La disposición de Rut de ir pareció introducirla en el linaje. No hay embotellamientos en la segunda milla. Eso cambió su relación… el compromiso conduce a la relación. Uno de los valores más importante en la cultura de pacto de Noemí estaba expresado en el mandamiento: “No reduzcas el límite de la propiedad de tu prójimo” (Deuteronomio 19:14). Por este motivo, cuando regresaba a su tierra natal luego de entre diez y veinte años de ausencia, ya sabía que los límites de su territorio y propiedad todavía estarían intactos. Es posible que Elimélec vendiera los campos o los arrendara antes de irse, o que ellos hubieran sido tomados en parte de pago por sus deudas. Incluso si las tierras estaban libres hasta que Noemí las vendió para pagar gastos de algún tipo, la cosecha estaba en marcha. Era demasiado tarde como para echar alguna semilla al suelo y pretender cosechar algo, suponiendo que pudieran pagar por las semillas o hacer que fueran plantadas sin haber trabajadores. En todo caso, parece ser que Noemí y Rut por lo menos tenían un lugar propio al cual llamar hogar, luego de que arribaron a Belén, pero no tenían cosecha en los campos. Y a juzgar según el pedido de Rut, lo primero en su lista –la necesidad más urgente– era juntar granos para obtener comida y algo de ingresos. A menudo, cuando leemos un libro de ficción, se nos presenta un nuevo personaje. Si el escritor es bueno, será un personaje clave para la historia, uno que es tan crucial que sin él o ella la historia no podría contarse. En ocasiones, cuando se trata de un libro no de ficción, se te presenta una “palabra”. No es cualquier palabra, sino una “palabra” que es esencial para la historia. Estás a punto de toparte con una palabra así. Es un término hebreo, así que puede resultarte un poco extraño. Es la palabra hesed. Tommy Tenney
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