Ciertas circunstancias de la vida nos llevan a lugares inesperados en donde nos sentimos frustrados. ¿Es factible volver al hogar luego de haber vividos situaciones que dejaron sus huellas?
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| Tommy Tenney |
A mi abuelo le encantaba mirar las películas de Laurel y Hardy. Si eres de una generación más joven, quizás no sepas quienes eran Laurel y Hardy. Podría decirse ellos eran el equivalente al dúo de comedia de Jim Carrey y Jeff Daniels que grabaron la película Tonto y Retonto –no, no estoy recomendado la película, solo estoy dándote un “ayuda memoria”–. Hay una de las frases típicas de Laurel y Hardy que inevitablemente llegaba cuando el dúo se hallaba en problemas. En ese punto, el más robusto, Oliver Hardy hacía un gesto y le decía a su compañero de habla más delicada, Stan Laurel:
–Bien, este es otro lindo lío en el que tú nos has metido.
Y generalmente el lío era de Hardy.
¿Alguna vez te has sentido como si todos los índices te apuntaran a ti, tal vez de tu familia o de tu jefe? ¿Todavía oyes la frase “este es un lindo lío en el que tú nos has metido” resonando en tus oídos?
Yo me he sentido igual. Tengo una esposa muy paciente. Nuestro largo y sólido matrimonio de treinta y pico de años no es un testimonio de mi gran sabiduría, extrema bondad o elegante mirada. La fuerza de nuestro matrimonio ha radicado en realidad en la paciencia de mi esposa. No importa en que “problema” yo me las arreglaba para meternos por la inmadurez de mis decisiones, ella parecía tener una clase de seguridad interior de que yo saldría de aquel embrollo.
Tuvimos nuestros altos y bajos. Hubo tiempos en los que, económicamente hablando, estuvimos tan “abajo” que nos preguntábamos literalmente cómo sobreviviríamos. Los desafíos físicos fueron igualmente difíciles. Recuerdo una vez cuando Jennie tuvo tres operaciones en dieciocho meses, y tomé un cargo temporáneo en una iglesia que estaba atravesando un momento difícil. No estoy seguro de que haya tomado la decisión correcta yendo allí. Y no estoy seguro de que haya tomado las decisiones correctas mientras estaba allí. Pero estoy agradecido de que cuando me las arreglaba para abrirme camino, mi esposa halló la paciencia y fuerza necesarias para caminar a mi lado. Algunas veces nos hemos sentido exhaustos. Pero simplemente seguimos andando.
La vida no está programada o controlada. Es impredecible. Precisamente eso es lo que la hace tan emocionante, ¡y tan aterradora a veces! Todo aquel que haya subido alguna vez a un escenario, o que incluso haya representado un papel pequeño en una comedia o un musical, sabe lo difícil que es “lograr hacer todo bien en la primera función”. ¡Y ni hablar de mantenerlo bien por una larga serie de funciones!
Si es así de difícil para aquellos que actúan un papel escrito y controlado y deben pulir su actuación para una breve función de tres o cuatro actos, entonces ¿por qué nos sorprende tanto que la vida sea tan difícil de ejecutar correctamente? Ah, ¡porque no hay ensayos en la vida!
¿Qué es lo que hace que ella sea tan impredecible? Por un lado, debemos lidiar con las variables que la vida tiene, aquellas cosas que pueden cambiar todo lo demás. Eso puede incluir hechos y circunstancias como ser enfermedades serias, una caída de la bolsa, una traición inesperada de nuestros mejores amigos, o el automóvil que viene directamente hacia ti y de repente se mete adentro de tu vehículo.
Luego debemos lidiar con los factores fijos que no controlamos: la familia en la cual nacimos, el ADN que recibimos en la concepción, el hecho de que nacimos ciegos o alérgicos a los maníes. Tal vez la variable más difícil de todas sea simplemente lo desconocido. Si esas variables y la incertidumbre de la vida fueran suficientes para hacer de la vida un “problema”, entonces todo lo que tenemos que hacer es planificar considerando los errores de los cuales tenemos conocimiento: nuestro desprecio por la autoridad u organización, nuestro temor a las alturas, nuestra compulsión a mentir, a comer de más, a mirar pornografía o a apostar hasta el último peso por encima de todo lo demás.
Si la lista parece interminable, entonces así también será la frustración. Desde nuestras fobias hasta nuestro desagrado por los vegetales, todo tiene un impacto en nuestras vidas. Debemos comprender que la perfección no es el objetivo, ni tampoco es requerida en nuestro camino. Un viaje exitoso precisa, como primer paso, que uno se esté encaminando hacia la dirección correcta. De modo que el primer paso para salir del problema resulta ser la sencilla decisión de arreglárselas para salir hacia algo mejor.
Problemas y más problemas
“Al ver Noemí que Rut estaba tan decidida a acompañarla, no le insistió más. Entonces las dos mujeres siguieron caminando hasta llegar a Belén” (Rut 1:18-19a).
El camino de regreso a los valores es un proceso de “arreglárselas para salir del problema”, con frecuentes retrocesos al mapa y a las indicaciones de la vida. Es improbable que alguno de nosotros pueda abrirse camino en medio del complicado viaje sin algo de pelea, riña, heridas o sin algo de culpa por el fracaso. Abrirse paso en medio del lío es –discúlpame– ¡un lío!
Tan solo hacía una década o dos que Noemí había tenido todo lo que creía que deseaba: un buen esposo, bien respetable y exitoso en la comunidad, y dos hijos que llevarían adelante el nombre de la familia y los negocios. Y todo eso tenía lugar en la misma aldea en donde ella había crecido con amigos de toda la vida y una gran familia extendida.
Entonces vino el problema. Primero, el golpe del hambre. Luego, su esposo, Elimélec, decidió mudar a la familia a Moab para aguardar allí hasta que el hambre pasara, mientras que establecía una nueva empresa en otro país. Allí fue cuando la vida de Noemí comenzó su agonizante deslizamiento hacia el hoyo de la pérdida y la desesperación.
Primero fue la muerte de Elimélec, seguido por las muertes dobles de sus dos hijos, y bueno… ¡todo un problema!
Las cosas parecieron empezar a verse un poquito mejor cuando las noticias del pan en Belén encendieron la ya olvidada esperanza y deseo en los deprimentes pensamientos de Noemí. Ella rápidamente se decidió a volver al hogar. Noemí debe haber pensado para sí misma: “Bueno, yo tenía una granja. Tal vez deba ir y ver… quizás pueda salir de este problema que vivo en Moab”.
El regreso a casa debe haber parecido montañoso. Pero cada montaña es una servidora de su fe (Mateo 17:20; 21:21). Debe obedecer a la fe. Pero luego ella tuvo que “arreglárselas para salir del problema” de tener que traer las noticias a sus dos fieles nueras moabitas. Noemí sentía que sería aceptada, bienvenida y atendida entre sus viejos amigos y familiares en Belén. También sabía que ninguna moabita sería bien recibida en Judá; no con esa maldición sobre su cabeza y luego de la opresión moabita hacía algunos pocos años.
Cuando un actor o actriz comienza a hablar sus propias palabras o reescribir su parte, eso se llama “salirse del guión”. Rut, con su inesperado compromiso de seguirla hasta Belén y quedarse con ella de por vida, sin importar lo que sucediera, se salió se su guión y arruinó el plan de escape de Noemí. Eso es lo que yo llamo “fe arriesgada en un Dios certero”.
Eso era una complicación, tal vez una reconfortante complicación, pero una complicación al fin. Era tiempo de arreglárselas para salir de otro problema más. Luego de la declaración de Rut y su apego determinado, ¿qué podía hacer Noemí? Estaba contenta con su compañía y lealtad, pero preocupada por ella e insegura por su futuro. ¿Y qué otra cosa podía decir luego del discurso apasionado de Rut?
Noemí estaba genuinamente preocupada por el futuro incierto de Rut en Belén. No había nada de aprecio por los moabitas en su aldea, y Rut era una bella viuda joven sin hijos ni hombre de autoridad que la protegiera. Siendo una mujer extranjera sin compromisos, podía hasta ser considerada una “chica fácil” por los hombres menos escrupulosos de esa sociedad.
Con todo, incluso el pródigo tuvo su último día en el chiquero. Noemí intentaba prolongar su estadía en el chiquero de las actitudes rencorosas hacia la indiferencia de Jehová. Estaba convencida de que se había convertido en el blanco del “castigo” hacia ella por causa de las decisiones de su esposo. Noemí abrazó plenamente esta amargura. Aun cuando sus pies apuntaban hacia la Tierra Prometida, su mente estaba atascada en Moab. Pero tenía la “ventaja del pródigo”: cuando todo estaba perdido… al menos conocía el camino a casa.
Parecía obvio que el Dios de Israel la había tachado de su lista de “los más benditos y altamente favorecidos”. ¡Pero qué error cometía! En otras palabras, ten cuidado cuando juzgas a la gente, porque nunca sabes cuando este día puede pasar a ser el último día en el chiquero… o en Moab. Afortunadamente, uno de los beneficios del proceso de “arreglárselas para salir del problema” es que ves mejoras inmediatas o progreso positivo cuando el asunto comienza a tomar una dirección.
Tan pronto como ella deja Moab, ese lugar deja de ser su hogar. Moab es ahora tan solo el sitio que ella ha dejado atrás. El recuerdo de Moab se desprende de ella como una prenda que cuelga suelta sobre los hombros debería caer prontamente al suelo. Y ahora, el lugar que es nombrado es la tierra de Judá, la tierra a la cual está regresando.
Ahora Noemí puede volverse más completamente al futuro, con la imagen de Judá ardiendo más brillantemente ante sus ojos.
De Noemí aprendemos que teshuva, el “arrepentimiento” o “retorno”, es un proceso que se aferra del rayo de esperanza presente en el reporte de que Dios ha recordado a su pueblo y está proveyéndoles pan. Tal vez Noemí sintió que su suerte estaba sujeta a “la lotería de la casualidad”. Sentía que estaba fuera del favor de Dios, a la total merced de “lo que venga”.
Aprende a hacerte amigo de cualquier circunstancia en tu vida, y ella servirá a los propósitos de Dios. Incluso amígate con las traiciones y los traidores. ¡Recuerda que Jesús llamó a Judas “amigo”!
La traición de Judas, tan dolorosa como resultó, sirvió a un propósito supremo. A veces la traición es el mejor amigo que tu destino haya tenido alguna vez.
El reflejo en el rostro
Al dar sus últimos pasos cuesta arriba en la colina hacia su ciudad natal de Belén, casi podemos verla que agarraba el ritmo. Cuando se detuvo ante la vista de sus amigas, llevaba consigo todos los pensamientos acumulados de esperanza y entusiasmo acerca de la reunión con sus compañeras de toda la vida.
“Entonces las dos mujeres siguieron caminando hasta llegar a Belén. Apenas llegaron, hubo gran conmoción en todo el pueblo a causa de ellas. ¿No es ésta Noemí? se preguntaban las mujeres del pueblo. Ya no me llamen Noemí repuso ella. Llámenme Mara, porque el Todopoderoso ha colmado mi vida de amargura. Me fui con las manos llenas, pero el Señor me ha hecho volver sin nada. ¿Por qué me llaman Noemí si me ha afligido el Señor, si me ha hecho desdichada el Todopoderoso?” (Rut 1:19-21, énfasis añadido).
Vemos la desintegración de un sueño y la muerte de la esperanza, todo en solo tres breves frases. Con una oración de solamente tres palabras, el frágil sueño de Noemí y la esperanza de ver imágenes positivas se hizo pedazos con el torbellino de recuerdos de más de una década de desilusiones consecutivas.
Con los recuerdos dolorosos vino también una ola de amargura que destrozó el frágil corazón de Noemí. Su dolor personal halló expresión instantánea en sus palabras: “¡No me llamen Placentera! Llámenme Amarga, porque el Todopoderoso ha luchado amargamente conmigo”.
El rabí Ruth H. Sohn captura las emociones del momento en estas palabras: “Donde Noemí había esperado hallar consuelo, su abrasador sentido del dolor la desgarra más fuertemente en presencia de sus memorias… ‘Noemí, ¿eres tú realmente?’ sus amigas gritan cuando la ven. La abrazan con fuerza entre medio de risas y llanto, tocando las arrugas de su rostro con dulzura. Ella responde: ‘Salí de aquí llena, pero regreso vacía. No soy la misma mujer que cuando me fui…’”.
Desearía poder haberle dicho a Noemí: “¡El camino de regreso es el camino hacia lo mejor! Quédate con la lección aprendida, pero deshecha la experiencia”. No puedo volver atrás la historia y gritárselo a Noemí, pero puedo decírtelo a ti: retén la lección y deshecha la experiencia.
Irónicamente Noemí ni siquiera recordó o pensó en presentar a Rut. La maravillosa verdad estaba oculta debajo de sus mismas narices: no estaba sola. De hecho, Dios le envió su propio “botiquín de emergencia” para el camino de regreso al hogar.
En todo el tiempo que duró el pensamiento negativo y la charla amarga, Dios ya había preparado un lugar para Rut en la genealogía de Jesús. En su momento más bajo Rut ya estaba cargando la semilla más alta. Esto es una luz para todos los que estamos en la senda hacia los valores restaurados. ¡Nuestro momento más triste lleva consigo nuestro destino más supremo!
La vida en “la zona complicada”
Hasta los “días buenos” pueden arruinarte de tanto en tanto. La nueva empresa por la que arriesgaste todo para lanzarla hace unos meses, casi cierra sus puertas por falta de capital, ¡hasta que los pedidos comienzan a llegar y te inundan! Cuando el inevitable atraso en responder a la demanda aleja a los nuevos clientes para siempre, tus buenas nuevas se reducen al triste, último suspiro de un excitante pero falso pronóstico de nueva vida.
Así es la vida en “la zona complicada”. No puedes comprender nada con una certeza concreta. De algún modo sientes que lo bueno puede estar viniendo a tu camino, pero luego eso se mezcla con malas noticias o viejas desilusiones que vienen a tocar tu puerta otra vez. Este proceso es tan común que los rabinos tienen un término para ello: teshuva.
El camino de teshuva [regreso] no siempre es un ascenso libre; hay descensos y valles. La esperanza de Noemí se cambia en desesperanza antes de encontrar la realización en el nacimiento de un nieto. Y así es con nosotros: el proceso de teshuva es a menudo superar obstáculos y sentimientos de desesperanza, mientras avanzamos hacia la esperanza de una vida renovada y de redención”.
Eso es lo que significa arreglárselas para salir del problema de la vida. La virtud redentora de la fase “problemática” de la vida es que al menos hay algo de avance. Puede no ser tan rápido, puede no resultar en la dirección exacta que habías planeado, pero al menos está alejándose de la pérdida y el estancamiento.
Para poner las cosas en perspectiva, si finalmente te encaminas a casa otra vez después de perder todo como Noemí lo hizo, ¡entonces tu punto de referencia para la vida “normal” incluirá grandes raciones de ruina, de desesperación y la experiencia humana más baja que todo el mundo trata de evitar! Cuando provienes de ese punto en la vida, hasta el hecho de arreglártelas para salir de los problemas se ve bien. ¡Al menos hay señales de vida y posibilidad de esperanza en medio de ese embrollo!
Ezequiel nos advierte que habrá tiempos en que las cosas lucen bien, con pasturas verdes y aguas cristalinas, hasta que alguien –o algo– embarra el agua. ¿Alguna vez otra oveja ha ensuciado tu agua para beber? (Ezequiel 34:17). ¡Paciencia amigo! Solo espera un poquito y se limpiará. Así es como te las ingenias para salir adelante en esta vida. ¡Paciencia amigo! ¡Se limpiará!
La vida real tiende a venir a nosotros en correntadas inmanejables y olas arrolladoras, rodeadas de temporadas de sequía en que la vida apenas sobrevive. Para un sobreviviente, eso simplemente significa que es tiempo de adaptarse.
Sorpresas desde lugares inesperados
Como no puedes controlar todo lo que viene a tu camino, debes controlar el número y la calidad de las voces que escuches mientras tratas de pilotear el camino y manejar el descontrol. ¿Qué voces escuchas? La vida generalmente se niega a seguir el guión de nuestras ideas o planes acerca de cómo nos gustaría ver salir las cosas, pero Dios parece enviarles sorpresas desde lugares inesperados a lo largo del camino a los que confían en Él su viaje de regreso a casa.
Todo lo que se precisa para aflojar un tronco que bloquea un río, es un súbito cambio de correntada, la intervención de otros troncos entrando en la corriente en el momento y lugar exacto, o una explosión de poder cuidadosamente posicionada al frente de donde se encuentra la obstrucción.
Noemí lanzó la expedición de regreso a casa con la determinación de llevar a cabo físicamente lo que ya había decidido mentalmente. Fue como si se hubiera dicho a sí misma: “Si puedo encontrar un camino de regreso, entonces habrá un camino de ingreso”.
Una vez que se dirigió al hogar, fue emboscada otra vez por una desilusión abrumadora. La Biblia dice que tendemos a hablar por nuestra boca lo que estamos gestando en el interior (Lucas 6:45). El deseo encuentra un camino; la falta de deseo encuentra una excusa.
El dolor de Noemí saltaba a la vista para todos, y casi la paraliza. Tenía una grave necesidad de alguna intervención que destrabar el atolladero de las malas noticias y el dolor en su vida. Dios ya había suplido sus necesidades hacía años en la forma de su humilde nuera moabita. Rut parecía tener una habilidad de pasar por alto las objeciones, obstáculos y los procedimientos protocolares de la sociedad judía.
Los primeros momentos en la ciudad natal de Noemí pasaron en penumbras, pero no le tomó mucho tiempo percibir la necesidad más importante del momento, y planear una manera de suplir esa necesidad a través de tomar una acción directa. ¡Necesitaban comida! ¡Y la necesitaban rápido!
Aparentemente, mientras Noemí todavía se estaba curando las heridas del pasado, Rut ya estaba proveyendo para el presente. ¡Qué bendición! ¡Todos necesitan una Rut! Cuando Rut le pidió permiso a Noemí para hacer algo que era realmente riesgoso para una mujer extranjera viuda en una cultura hostil, Noemí masculló una respuesta a través de la neblina de la distracción: pero Dios estaba en los detalles. La primera vez en Noemí llama a Rut “hija” figura en Rut 2:1-2. Antes de eso había sido su “nuera”. La disposición de Rut de ir pareció introducirla en el linaje. No hay embotellamientos en la segunda milla. Eso cambió su relación… el compromiso conduce a la relación.
Uno de los valores más importante en la cultura de pacto de Noemí estaba expresado en el mandamiento: “No reduzcas el límite de la propiedad de tu prójimo” (Deuteronomio 19:14). Por este motivo, cuando regresaba a su tierra natal luego de entre diez y veinte años de ausencia, ya sabía que los límites de su territorio y propiedad todavía estarían intactos. Es posible que Elimélec vendiera los campos o los arrendara antes de irse, o que ellos hubieran sido tomados en parte de pago por sus deudas. Incluso si las tierras estaban libres hasta que Noemí las vendió para pagar gastos de algún tipo, la cosecha estaba en marcha. Era demasiado tarde como para echar alguna semilla al suelo y pretender cosechar algo, suponiendo que pudieran pagar por las semillas o hacer que fueran plantadas sin haber trabajadores.
En todo caso, parece ser que Noemí y Rut por lo menos tenían un lugar propio al cual llamar hogar, luego de que arribaron a Belén, pero no tenían cosecha en los campos. Y a juzgar según el pedido de Rut, lo primero en su lista –la necesidad más urgente– era juntar granos para obtener comida y algo de ingresos.
El relato bíblico nos da indicios de que un familiar cercano, adinerado, vivía en Belén en ese tiempo. Nosotros lo sabemos, pero Rut no tenía la menor idea de ello. Evidentemente, Noemí se olvidó de contarle. Rut no tiene idea de que Booz existe, que posee tierras, o que ella misteriosamente elegirá esa tierra en vez de la de cualquier otro en la ciudad. Todo lo que ella sabe es que ha echado suertes. Ha hecho su voto de confiar en el Dios de Noemí y en los valores del pueblo de Belén. Ahora era tiempo de buscar comida. El mañana se encargaría de sí mismo.
A menudo, cuando leemos un libro de ficción, se nos presenta un nuevo personaje. Si el escritor es bueno, será un personaje clave para la historia, uno que es tan crucial que sin él o ella la historia no podría contarse. En ocasiones, cuando se trata de un libro no de ficción, se te presenta una “palabra”. No es cualquier palabra, sino una “palabra” que es esencial para la historia. Estás a punto de toparte con una palabra así. Es un término hebreo, así que puede resultarte un poco extraño. Es la palabra hesed.

La pérdida y la carencia de Noemí y Rut estaban a punto de encontrar un hesed, y el atolladero de la pérdida estaba a punto de ser cautivado por hesed, la antigua virtud hebrea del favor. El primer favor mostrado fue el de la princesa extranjera que se negó a irse de al lado de una suegra judía a la que amaba. ¿No estás un poquito alegre por el hecho de que en el camino a casa comiences a hallar favor? Hola hesed. Hola favor.
Tomado del libro: Encuentra tu camino de Editorial Peniel