El éxito y el fracaso están determinados por la actitud. Ella no es simplemente un factor importante, sino que es fundamental a la hora de hablar de visión. Debemos entender qué lugar prominente ocupa la actitud.
 |
| John C. Maxwell |
¿Qué es una actitud? ¿Cómo la identifica usted con precisión?
Pues bien, la actitud es un sentimiento interior expresado por el comportamiento. Por eso una actitud puede verse sin necesidad de palabras. ¿Ha observado usted la “mueca” del malhumorado, o la “mandíbula prominente” del determinado? De btodo lo que usamos, la expresión es lo más importante.
Algunas veces nuestra actitud puede enmascararse exteriormente, y engañamos a quienes nos ven. Pero por lo general, las máscaras no duran mucho tiempo. Vemos esa constante lucha a medida que la actitud intenta salir contorneándose.
Mientras dictaba una conferencia hice el siguiente experimento. Pregunté a la audiencia: –¿Qué palabra describe lo que determina nuestra felicidad, aceptación, paz y éxito?
La audiencia comenzó a decir palabras como trabajo, educación, dinero, tiempo. Finalmente alguien dijo actitud. Un área tan importante de sus vidas constituía un pensamiento secundario para ellos. Nuestra actitud es la fuerza principal que determinará si triunfamos o fracasamos.
Para algunos la actitud representa una dificultad en cada oportunidad; para otros representa una oportunidad en cada dificultad. Algunos triunfan con una actitud positiva, mientras otros fracasan con una perspectiva negativa. El mismo hecho de que la actitud “prepara a unos” mientras “destroza a otros”, es suficientemente significativo para que exploremos su importancia.
Nuestra actitud nos dice qué esperamos de la vida. Igual que un avión, si nuestra “nariz” señala hacia arriba, estamos despegando; si señala para abajo, podríamos estar dirigiéndonos a una catástrofe.
Una de mis historias favoritas trata de un abuelo y una abuela que visitaron a sus nietos. En las tardes el abuelo dormía una siesta. Un día, a modo de broma, los muchachos decidieron poner queso derretido en su bigote. Al poco tiempo despertó olfateando.
–Vaya… este cuarto apesta –exclamó mientras se levantaba y decidía ir a la cocina.
No había pasado mucho tiempo cuando se dio cuenta de que la cocina también olía mal, así que salió de la casa para respirar aire fresco. Para su gran sorpresa, el aire libre no le daba alivio, y proclamó:
–¡Todo el mundo apesta!
¡Cuán cierto es eso en la vida! Cuando tenemos “queso derretido” en nuestras actitudes, el mundo entero huele mal. Individualmente somos responsables por nuestra visión de la vida. Esa verdad se ha conocido por siglos y está contenida en La Biblia: “Todo lo que el hombre sembrare, eso también segará”.
Nuestra actitud y nuestras acciones hacia la vida ayudan a determinar lo que nos sucede.
Tomado del libro: Actitud 101 de Editorial Betania