La Corriente

Arrebate las promesas de Dios
Abr | 2010 (GMT-3)

Corren tiempos difíciles en donde nuestra fe es bombardeada desde diferentes frentes. ¿Cómo salir airosos y obtener aquello que el Señor nos ha prometido?

Barbara J. Yoder
Barbara J. Yoder
Estamos en una época de peleas. Debemos pelear con la decepción del pasado que ha tratado de desviarnos de nuestro camino. La decepción nos ciega para no ver cuál es el propósito real de las cosas, y hace que la esperanza se desvanezca. La decepción alimenta la falta de fe, provoca lo que llamamos el síndrome del “vaso medio vacío”. Pero creo que estamos saliendo de esta época en donde la esperanza parece no abundar.

La decepción es parte de esa resistencia que tenemos que tener para salir de cualquier situación del pasado. Nos hace pensar: “Tengo cientos de motivos para darme cuenta de que no puedo vencer esta situación; a Dios no le importa mi problema”, y también nos lleva a lamentarnos y decir: “Es demasiado difícil; no puedo hacerlo; ¿qué hice mal?” La decepción nos dice: “Dios no apareció cuando viviste esa situación, ¿qué te hace que aparecerá ahora? Si Dios se preocupara tanto por tu vida, ¿por qué las cosas parecen ser tan difíciles? ¿Por qué hace más de dos años que lidias con la misma situación? ¿Por qué Dios permitió que pase tal o cual cosa? Seguramente no se preocupa tanto”.

Una y otra vez este tipo de voces resuenan en nuestra cabeza. Pero esta no es la voz. Parece suceder que es más difícil vencer la decepción en los tiempos que corremos, que hace algún tiempo. Enfrentamos nuevos poderes, nuevos principados. Pero Dios está construyendo nuestra fe, Él ha permitido estos niveles de oposición para introducirnos en un nuevo nivel de fe. ¿Qué es lo que ha vencido al mundo? Nuestra fe (1 Juan 5:4). Así, en esta hora, nuestra fe se está desarrollando en un completamente nuevo nivel.
Es una fe que será capaz de pararse firme y provocar rompimientos espirituales, porque está sustentada en las promesas de Dios (v. 5).

PuenteLos israelitas vencieron con fe y paciencia. Paciencia no es recostarse en un sillón y tomarse las cosas a la ligera. La paciencia nos permite ver el final de algo cuando aún no lo vemos hoy; nos permite colgarnos de las promesas de Dios y verlas cumplidas. Es una postura como la de un bulldog: esa que nos hace agarrarnos con los dientes de la promesa y mantenernos firmes allí hasta hacerla nuestra (Hebreos 6:9-12).

Usted debe vencer la resistencia. La resistencia es esa sensación de que usted no está llegando a nada con su oración. Le dice a usted que es demasiado difícil romper con las ataduras del pasado. La resistencia se siente como si usted estuviese yendo en contra de una gruesa y sólida pared que no va a ceder.

¡Pero Dios!
Mantente orando hasta que sobrepases esa resistencia. Luego, ora para recibir la llenura de lo que Dios te está diciendo y de lo que Él hará contigo. Apoyarnos sobre la revelación divina es esencial en esta hora si queremos recibir todo lo que el Señor nos ha prometido: lo milagroso, la transferencia de las riquezas, la cosecha, un nuevo nivel de unción y mucho más. Hay un despertar esperando del otro lado; solo tenemos que luchar hasta provocar ese rompimiento espiritual.

Es tiempo de hablar en nuevas lenguas más que nunca antes: “Edificándose sobre la base de su santísima fe y orando en el Espíritu Santo” (Judas 20). Hablar en lenguas no solo abre las ventanas de la revelación, sino que también edifica una fe inquebrantable. Deje a Dios guiarlo en su oración en nuevas lenguas. Ora con fe.

¡El otro lado de la resistencia es glorioso, poderoso, magnífico! ¡Es como si el cielo estallara en todo nuestro alrededor! No se detenga, ¡puede hacerlo! No deje de orar. Pero si siente que no puede llegar al otro lado de la resistencia, entonces reúnase con amigos que sepan cómo orar y juntos tomen coraje, prepárense y vayan por las promesas. La resistencia puede ser tan intimidante que provoque que no podamos llegar al otro lado por nuestra propia cuenta.

Pero hágalo ahora, júntese con alguien y ore, ore, ore, ¡llegue al otro lado! Estamos en una guerra y la guerra está compuesta de muchas batallas. Usted no tiene que orar solo una vez o dos, sino que tiene que orar hasta que haya ganado la guerra. Cada tiempo de oración representa una batalla. Y nosotros debemos batallar hasta ganar la guerra.
“Y esta es la fe que ha vencido al mundo:  nuestra fe” (1 Juan 5:4).

Barbara J. Yoder es la fundadora y pastora de la Iglesia Cristiana Shekinah en Michigan (Estados Unidos). Además, tiene su propio blog donde publica diversas palabras http://barbarayoderblog.com

Barbara J. Yoder