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| Gary V. Whetstone |
Existe un gran malentendido entre los cristianos. El malentendido es el siguiente: después de nacer de nuevo, los cristianos tienen dos tipos de naturaleza en su corazón y en su espíritu. Algunos creen erróneamente, que tenemos una naturaleza pecaminosa de la cual nunca nos vamos a poder desprender completamente; y de la misma forma, tenemos la naturaleza de Dios, en la cual nunca somos dignos de caminar. Culpa, vergüenza, condenación, inferioridad e inseguridad son algunas de las cosas que mantienen atados a muchos creyentes a causa de este tipo de creencia. La verdad es que la naturaleza del pecado puede ejercer influencia únicamente sobre tu cuerpo.
Es fundamental que recibas esta revelación: Dios ya te ha dado completa victoria sobre tu naturaleza de pecado. Si pierdes esta revelación, entonces tu triunfo en la vida se convierte solamente en una vaga esperanza. Cuando intentas pelear en contra de tus enemigos invisibles en este tipo de terreno, a través de la naturaleza del pecado, van a derrotarte aún antes de que comiences.
Puedes ver, que si eres un cristiano el Espíritu de Dios está en ti: "Sin embargo, vosotros no estáis en la carne sino en el Espíritu, si en verdad el Espíritu de Dios habita en vosotros" (Romanos 8:9).
Ahora, cada vez que te enfrentas a tu enemigo, no es a través de tu vieja naturaleza de pecado, sino que es el Espíritu de Dios el que pelea ¡y gana todas las batallas! Estás en Cristo. Cuando Jesús murió por ti, moriste en Él. Tu naturaleza de pecado murió en su muerte. Entonces, cuando Él se levantó de la muerte, te levantaste con Él. El Espíritu Santo ahora vive en ti.
"Si habéis, pues, resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo, nuestra vida, sea manifestado, entonces vosotros también seréis manifestados con Él en gloria" (Colosenses 3:1-4).
Como puedes ver en el pasaje anterior, tienes autoridad a través de la muerte de Jesús para decirle al pecado: "Yo estoy muerto, y mi vida se encuentra escondida en Cristo". Repite conmigo en voz alta el siguiente versículo: "Con Cristo he sido crucificado, y ya no soy yo el que vive, sino que Cristo vive en mí; y la vida que ahora vivo en la carne, la vivo por fe en el Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí" (Gálatas 2:20).
Así que ahora, toma la iniciativa. Lee y obedece Romanos 6:11-12: "Así también vosotros, consideraos muertos para el pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús. Por tanto, no reine el pecado en vuestro cuerpo mortal para que no obedezcáis sus lujurias".
Si eres un cristiano, entonces tienes autoridad sobre el poder del pecado a través de Jesús. Para esto vino Él a la Tierra: "Porque el diablo ha pecado desde el principio. El Hijo de Dios se manifestó con este propósito: para destruir las obras del diablo" (1 Juan 3:8).
Jesús vino a "destruir las obras del diablo". Bueno, la primera obra del diablo fue el pecado. Cuando entendemos esto, entonces podemos ver más claramente los beneficios de la obra redentora de Cristo Jesús.
Por lo tanto, cuando nos involucramos en la guerra espiritual, no debiéramos sentirnos indignos o fuera de lugar o incapaces de tener dominio y autoridad sobre nuestros enemigos invisibles. ¡Jesús nos dio la victoria sobre Satanás con el mismo poder del Espíritu Santo que ahora habita en nosotros!
Tomado del libro: Conquistando a tus enemigos invisibles de Editorial Whitaker House