| La Corriente | ||||
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La mentira del temor Nov | 2008 (GMT-3) En gran porcentaje los miedos son infundados. Cuanto más te enfrentes a tus miedos, tanto más puedes entenderlos y derrotarlos.
El león no es el que mata a las presas, sino las leonas. El león solo ruge. Nada más. Pero como el rugido del león es tan temible, le funciona la táctica porque siempre el animal huye del sonido del león, sin saber que su fin lo espera pronto al toparse con las leonas que lo están esperando. Si la presa corriera rumbo al rugido del león, este se confundiría y es muy probable que la víctima saliera con vida. De la misma manera, cuando usted y yo escuchemos el rugir de algún "león" de la vida; un problema difícil, un abandono, una traición o cualquier situación precaria, debemos correr en dirección al rugido, porque el león no puede hacernos nada. De lo contrario, si huimos del problema, cobardemente, en lugar de salir triunfantes, nos encontraremos con una gran trampa de la cual seguramente no habrá salida. El apóstol Pedro escribió las siguientes palabras: "Nuestro adversario, el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar" (1 Pedro 5:8). El diablo es como el viejo león que solo ruge para tratar de asustarnos y hacer que corramos hacia el otro lado. Del otro lado estarán esperándonos sus demonios horribles para destruirnos. Tenemos que recordar que el diablo ya no tiene dientes que muerdan. Lo único que le queda a ese pobre hijo de la maldad es su rugido, porque Jesús lo venció poderosamente, una vez y para siempre, en la cruz del Calvario.
El 60% de los temores no tiene base alguna. Nunca se cumplirán. El 20% de los temores está enfocado en el pasado, y lo vivido en el pasado está totalmente fuera de nuestro control. Ya no hay nada que podamos hacer al respecto. El 10% de los temores está basado en cosas tan insignificantes que no harán una diferencia importante en nuestras vidas Del 10% restante, solo el 4 o el 5% podría considerarse justificable. Estas estadísticas demuestran que el 95% de nuestro tiempo y energía lo invertimos en temores que no producen nada positivo, sino que solamente representan una gran pérdida de tiempo. Abandonemos la inútil tarea de estarnos preocupando por cosas que no cambiarán y por las que no hay nada más que podamos hacer. Mejor invirtamos nuestro pensamiento en cosas que sí podemos cambiar, por las que vale la pena meditar y por las que podemos hacer algo. –¡Jesús te está mirando! Entonces el ladrón se asusta y se detiene. Luego como ve que no ocurre nada, continúa. De nuevo la voz le dice: –¡Jesús te está mirando! El ladrón, asustado, prende la luz y ve que la voz venía de un loro que estaba en una jaula, y el ladrón le dice: –¡Ahhh, qué susto me diste! ¿Cómo te lamas, lorito? Y el loro le responde: –Me llamo Pedro.
Y el loro le contesta: –Más extraño es el nombre de Jesús para un doberman. Marcos Witt
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