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| Marcos Witt |
Que interesante leer acerca de una característica de los leones que yo desconocía. Una de las razones por las que son los reyes de la selva, no es por su fuerza bruta, aunque sí la poseen, sino por la inteligencia que tienen para apresar a sus víctimas. El león se asocia con las leonas, y utiliza su fuerte y temible rugido para intimidar a la víctima, la que al escuchar el rugido corre al lado opuesto de donde proviene el sonido, adonde están las leonas esperando para atacarla.
El león no es el que mata a las presas, sino las leonas. El león solo ruge. Nada más. Pero como el rugido del león es tan temible, le funciona la táctica porque siempre el animal huye del sonido del león, sin saber que su fin lo espera pronto al toparse con las leonas que lo están esperando.
Si la presa corriera rumbo al rugido del león, este se confundiría y es muy probable que la víctima saliera con vida. De la misma manera, cuando usted y yo escuchemos el rugir de algún "león" de la vida; un problema difícil, un abandono, una traición o cualquier situación precaria, debemos correr en dirección al rugido, porque el león no puede hacernos nada. De lo contrario, si huimos del problema, cobardemente, en lugar de salir triunfantes, nos encontraremos con una gran trampa de la cual seguramente no habrá salida.
El apóstol Pedro escribió las siguientes palabras: "Nuestro adversario, el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar" (1 Pedro 5:8). El diablo es como el viejo león que solo ruge para tratar de asustarnos y hacer que corramos hacia el otro lado. Del otro lado estarán esperándonos sus demonios horribles para destruirnos. Tenemos que recordar que el diablo ya no tiene dientes que muerdan. Lo único que le queda a ese pobre hijo de la maldad es su rugido, porque Jesús lo venció poderosamente, una vez y para siempre, en la cruz del Calvario.
Me asombré al leer un estudio realizado por la Universidad de Michigan, que muestra las siguientes estadísticas acerca del temor:
El 60% de los temores no tiene base alguna. Nunca se cumplirán.
El 20% de los temores está enfocado en el pasado, y lo vivido en el pasado está totalmente fuera de nuestro control. Ya no hay nada que podamos hacer al respecto.
El 10% de los temores está basado en cosas tan insignificantes que no harán una diferencia importante en nuestras vidas
Del 10% restante, solo el 4 o el 5% podría considerarse justificable.
Estas estadísticas demuestran que el 95% de nuestro tiempo y energía lo invertimos en temores que no producen nada positivo, sino que solamente representan una gran pérdida de tiempo. Abandonemos la inútil tarea de estarnos preocupando por cosas que no cambiarán y por las que no hay nada más que podamos hacer. Mejor invirtamos nuestro pensamiento en cosas que sí podemos cambiar, por las que vale la pena meditar y por las que podemos hacer algo.
Para reír
Un ladrón se mete en una casa a robar a la media noche. Entra por una ventana y, cuando está adentro en la oscuridad, oye una voz que dice:
–¡Jesús te está mirando!
Entonces el ladrón se asusta y se detiene. Luego como ve que no ocurre nada, continúa. De nuevo la voz le dice:
–¡Jesús te está mirando!
El ladrón, asustado, prende la luz y ve que la voz venía de un loro que estaba en una jaula, y el ladrón le dice:
–¡Ahhh, qué susto me diste! ¿Cómo te lamas, lorito?
Y el loro le responde:
–Me llamo Pedro.
–Pedro es un nombre extraño para un loro.
Y el loro le contesta:
–Más extraño es el nombre de Jesús para un doberman.
Tomado del libro: Dile adiós a tus temores de Editorial Vida