Sanando el futuro. Si queremos, nuestro pasado no condicionará nuestro futuro para siempre.
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| Stephen Arterburn |
En la escuela secundaria tuve una novia increíble. Era alta, rubia y hermosa. Su sonrisa animaba mi alma. No podía creer que me amaba, pero así era. Éramos una pareja de ensueños. Me divertía con ella y me interesaba mucho en ella, pero otra persona me interesaba mucho más: yo mismo.
Destruí la relación y ella rompió conmigo debido a mi conducta egoísta y a mi obsesión conmigo mismo. Fue una pérdida que nadie comprendió. Pensaban que era un amor de adolescentes, pero para mí fue el amor de una vida; por lo menos lo fue en aquel tiempo. Así que sufrí en silencio, sin admitir nunca que me sentía devastado por la pérdida que yo había causado.
Me enfermé y me puse ansioso. Traté de controlar las cosas, traté de recuperarla pero nada dio resultado. Más adelante en la universidad, por poco tiempo, volvimos, pero volví a estropearlo todo. Perdí a la persona que significaba tanto para mí y no pude recuperarla. Se amontonaron todas esas emociones y me dejaron con una obsesión y un dolor que dominó todo lo que hice durante años.
Estaba tan enamorado de ella que no podía soltarla. Estuve saliendo con su prima solo para estar cerca de ella. No podía olvidarla. Al menos yo no lo haría. Me encontré tomando decisiones basadas en lo que ella pensaría de mi. El dolor y la pérdida estuvieron conmigo cada día.
Años después, en una sesión de terapia con un hombre en quien yo confiaba, tuve la franqueza de expresar mis sentimientos respecto a mi amor de la escuela. Me sentía avergonzado, pero sabía que tenía que hablar acerca de eso. Él me invitó a que hiciera algo que yo lo invito a usted a que haga. Me invitó a que tomara la difícil decisión de afligirme por la pérdida y librarme de ella. Me invitó a que permitiera que mi vida siguiera sin que mi amor perdido formara parte de mi realidad. Me invitó a aceptar la vida como era. Me invitó a que sanara mi futuro.
La Biblia nos dice que no nos preocupemos por el mañana, ya que este ya tiene suficientes problemas (ver Mateo 6:34). Es un consejo bueno y espiritual no preocuparse por el futuro, pero también es un buen consejo sanar el futuro para que el mañana tenga los menos problemas posibles. Algunas personas nunca dejan de pensar en cómo pueden sanar o arreglar su futuro.
Hay algunas formas prácticas de hacer de su futuro lo mejor posible. La Biblia nos dice que observemos a la hormiga para una lección en la sanidad de nuestro futuro: “Ve a la hormiga, oh perezoso, mira sus caminos, y sé sabio; la cual no teniendo capitán, ni gobernador, ni señor, prepara en el verano su comida, y recoge en el tiempo de la siega su mantenimiento” (Proverbios 6:6-8).
Alguien puede leer eso y decir que la hormiga estaba un poco preocupada por el tiempo del invierno. Saber la realidad de algo y prepararse para ello –hacer el trabajo– no es preocuparse. Una manera que tiene la hormiga en el tiempo de la siega es hacer preparativos y acopiar provisiones. Si actúa con pereza acerca del futuro, eso resultará en un estómago vacío y en la muerte. Es durante el verano que la hormiga decide prepararse para la otra temporada. Cada uno de nosotros puede hacer lo mismo.
Podemos hacer más seguros los próximos años al guardar algún dinero. Podemos enriquecer nuestros años futuros formando sólidas relaciones que duren toda la vida. Podemos formar una familia amorosa que cuide de nosotros en los últimos años de nuestra vida. También podemos sembrar algunas semillas sanadoras que producirán una cosecha de paz y de serenidad. El afligirse sana nuestro futuro.
Hacer el difícil trabajo de afligirse ara los campos y suaviza el terreno para una cosecha saludable de relaciones y para llevar una vida con propósito y sentido. Cuando nos afligimos, nos acercamos a Jesucristo, seguimos su ejemplo y hacemos exactamente lo que Él hizo.
Tomado del libro: Sanidad es una elección de Editorial Portavoz