La Corriente

Vidas sobrenaturales
Jun | 2008 (GMT-3)

Dios quiere llevarnos a un nuevo nivel donde reine lo sobrenatural. Si andamos con Él, veremos milagros sorprendentes en nosotros.

MiradaPensar correctamente nos lleva a vivir correctamente. Estamos firmemente convencidos de que una sociedad transformada comienza con individuos transformados que viven los principios que Dios ha puesto dentro de ellos. A medida que aumentamos nuestra habilidad para pensar bíblicamente, podemos comenzar a vivir de forma correcta. Comenzaremos a “andar como es digno del Señor (…) llevando fruto en toda buena obra”, como dice Colosenses 1:10.

Si vivimos rectamente alinearemos nuestras acciones así como nuestros pensamientos con La Palabra de Dios. Nuestra vida reflejará a Cristo, tanto en el trabajo como en el hogar. No habrá diferencia entre el carácter de nuestra vida privada y la pública. Viviremos con integridad –sanos, fieles y consistentes–. Lo que esté a la vista, eso seremos.
Y este andar en rectitud será evidente no solo en el estudio de La Biblia, la oración y el testimonio, sino en cómo tratamos a las personas con quienes nos cruzamos cada día, y cómo respondemos ante las oportunidades para ser la encarnación del Evangelio.

En el curso de un solo día tenemos muchas puertas abiertas para reflejar la imagen de Dios. Y si le pedimos, el Espíritu Santo nos las revelará hora tras hora, momento a momento.
Jesucristo nos dijo que busquemos primero su reino y su justicia (Mateo 6:33). Aquellos que buscan el reino de Dios primeramente, experimentarán el verdadero gozo y libertad que vienen con las prioridades correctas.

Cuando uno examina la vida de los personajes de La Biblia, descubre que, cada vez que las personas obedecían a Dios y permanecían en lo justo, estaban gozosas. Cuando desobedecían, cuando daban lugar a los estándares e influencias que los rodeaban, eran desdichados. Podemos verlo en la joven nación de Israel cuando anduvo en el desierto. Podemos verlo en el corazón quebrado de Pedro luego de negar a su Señor e irse para retomar su viejo trabajo después de la crucifixión.

Ese es uno de los beneficios de ser un ciudadano del reino de Dios, la promesa de una vida abundante. En realidad, es la vida más estimulante que podamos imaginarnos. Dios llama a sus ciudadanos “embajadores” mientras están en la Tierra.
Cierta vez en un avión mi compañero de asiento –Ron– me preguntó de qué trabajaba. Sin pensarlo mucho, utilicé una respuesta que había escuchado hacía poco tiempo.
– Soy embajador.
– Usted es ¿qué?
– Soy embajador.
– ¿A qué país representa?
– Oh, represento a algo bastante más grande que un país.
– Está bien. ¿A quién representa?
– Represento a un Reino.
– ¿Qué tipo de reino?
– El más grande. Dondequiera que yo voy represento al Rey y su Reino. Soy embajador de Jesucristo.

Ese intercambio, con un planteo un poco inusual para mí, pero sacado directamente de 2 Corintios 5, me permitió una maravillosa conversación con un hombre ¡que no podría escaparse fácilmente!
El estilo de vida de los líderes de la Iglesia Primitiva es lo que Dios desea para nosotros. Pero la única manera en la que podemos lograrlo es viviendo sobrenaturalmente.

Para hacer eso, debemos en primer lugar pensar sobrenaturalmente. Eso quiere decir que necesitamos aprender a pensar de la manera que Dios piensa. ¿Un alto llamado, dices?
Sí. Pero Él nos dio Las Escrituras con ese preciso propósito. A medida que leemos, estudiamos y meditamos en La Biblia, comenzamos a pensar de manera que va más allá de nuestras inclinaciones y limitaciones normales.
Necesitamos llegar a saber cuán grande es Dios realmente.
Necesitamos explayarnos en sus atributos.
Necesitamos ganar confianza en su grandioso poder y su amor.
Necesitamos reconocer que somos hombres y mujeres de destino.

Si perteneces a Dios a través de Jesucristo, hay sangre real en tus venas: “Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios” (1 Pedro 2:9). Debido a quién es Dios y quiénes somos nosotros, tenemos vasto poder y autoridad mucho mayor que nadie en el reino de Satanás.

En segundo lugar, este estilo de vida nos convoca para orar sobrenaturalmente. Es preciso que experimentemos la verdad de las palabras de Cristo cuando dijo: “Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis y os será hecho” (Juan 15:7). Tenemos autoridad sobre las fuerzas del mal; Satanás y sus ejércitos no pueden prevalecer en contra de nosotros.

En tercer lugar, necesitamos planificar sobrenaturalmente. Pedir a Dios que nos dirija; debemos hacer planes tan magníficos, tan grandes, tan fuera de los meros logros humanos, que estemos destinados al fracaso, a menos que Dios obre sobrenaturalmente  en nosotros.

En cuarto lugar, necesitamos amar sobrenaturalmente. Jesús le ordenó a sus discípulos que se amen unos a otros: “Que es améis unos a otros; como yo os he amado (…) En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros” (Juan 13:34-35). Un amor así es humanamente imposible, solo Él nos amó lo suficiente para morir por cada uno de nosotros. Pero el fruto del Espíritu Santo es amor. Al permitir que el Espíritu nos controle, el amor es el resultado natural.

En realidad, la presencia y el poder del Espíritu Santo son la llave para vivir sobrenaturalmente en todo aspecto de la vida –pensar, orar, planificar y amar–. Es el Espíritu quien nos enseña acerca de Dios, provee paz sobrenatural, nos guía a toda verdad y  nos capacita para cumplir sus mandamientos. Esa es la razón por la que Jesús pudo prometer que la presencia del Ayudador sería mejor para sus discípulos que su propia presencia. ¡Qué promesa!

Vivir sobrenaturalmente es caminar por fe frente a dificultades que parecen imposibles de remontar. Nosotros somos los que decidimos como un acto de la voluntad, si vamos a vivir sobrenaturalmente. Es una elección basada en Dios y en lo que Él nos dice en su Palabra.
Luz en medio de tinieblasEjercitamos la fe cuando elegimos actuar basados en lo que Él dice. Igual que un músculo, la fe aumenta con el uso. Cuanto más elegimos confiar en Dios, más le vamos a creer, y más fe tendremos para confiar en Él ante la próxima situación.

Tomado del libro: Luz en medio de tinieblas de Editorial Peniel

Hill Bright & Ron Jenson