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La clave de la prosperidad
Mar | 2008 (GMT-3)

El papel de la fe en la prosperidad de los pueblos.

Darrow L. Millar
Darrow L. Millar
“Sin fe es imposible agradar a Dios” (Hebreos 11:1). Sin fe también es imposible tener una mayordomía basada en la información bíblica. A través de sus palabras y sus acciones el hombre da sustancia a las cosas que sabe que son la verdad. Porque entiende que lo visible proviene de lo invisible, la fe ve espiritualmente lo que no está físicamente presente (vea Hebreos 11:3).

Teniendo a Abraham como el modelo que lo motiva, el hombre de fe está dispuesto a arriesgarlo todo, hasta la vida misma, por el reino de Dios.
“Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba” (Hebreos 11:8).

La fe ve las buenas intenciones de Dios para el hombre, para las familias, las comunidades, las naciones y el mundo. Donde hay un desierto, ve un huerto. Donde hay suciedad, reconoce la dignidad del hombre, hecho a la imagen de Dios, y construye letrinas. Donde hay paredes desnudas, ve la belleza y pinta un cuadro. Cuando sueña con tierras lejanas, construye un barco y zarpa hacia ellas.
En contraste con esto, la gente que vive en la pobreza está dominada por el miedo. Tiene una comprensión a nivel visceral de la advertencia de Cristo que dice: “Al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado” (Mateo 13:12). Desafortunadamente, esta es la forma en que ha vivido la mayoría de la gente a través de la historia.

Peter Berger dice que esa manera de vivir –previa la revolución capitalista–: “Estaba caracterizada por una alta mortalidad infantil; baja expectación de vida (tanto al nacer como en diferentes puntos a través del ciclo de vida del individuo); nutrición inadecuada y, con frecuencia, el morir de hambre; alta vulnerabilidad a la enfermedad y al dolor; alta vulnerabilidad a los embates de la naturaleza. Todo esto sostenido por una tecnología simple y con muy pocos avances (o, de manera más precisa, con un progreso muy lento), y por una economía de subsistencia de crecimiento cero. En esta forma de existencia, tanto la vida de los individuos como la de las sociedades estaban determinadas en un alto grado por las presiones del ambiente físico y basados en endebles estructuras de tecnología humana y acuerdos económicos.

Fernand Braudel ha acuñado la acertada frase “el régimen biológico antiguo”, para denotar esta milenaria forma de existencia humana. Este régimen forma el estable lado subyacente de todos los eventos relucientes que convencionalmente evocamos con la palabra “historia”.

ProsperadoPero las sociedades de crecimiento cero y riesgo cero todavía están con nosotros. Se encuentran en todas partes, desde nuestros barrios pobres hasta nuestras colonias de clase media con jardines impecables; se encuentran entre aquellos que tienen miedo de tomar los riegos apropiados. El lenguaje comparativo que se muestra en el siguiente cuadro se enfoca en las diferentes mentalidades del fatalismo y la fe.

Las barreras para tomar riesgos
Por supuesto que existen algunas barreras para tomar riesgos. La primera es simplemente la falta de una visión contundente. Si usted no ve nada por lo cual valga la pena arriesgar su vida y su salud, ¿por qué habría de arriesgarlas?

Una de las características de nuestra edad moderna es la eterna búsqueda del éxito con seguridad, de la riqueza personal sin conflicto. Vivimos en una sociedad verdaderamente burguesa, compuesta de gente con pequeñas ambiciones pero con un gran apetito por poseer: salud, diversiones, grandes casas, un segundo (o tercer) auto, muchas “cosas”. Solo quedan unos pocos que quieran hacer algo importante con sus vidas.

Una segunda barrera para tomar riesgos es la mentalidad que deifica el pasado. Esta mentalidad es un barniz de postura conservadora, en la cual el pasado se considera sagrado. Sociedades enteras están esclavizadas a la “tradición de los ancianos”, por miedo a la ira de sus ancestros.

Una tercera barrera es el fatalismo, el cual se viste de muchos disfraces. En el animismo, las parcas o espíritus se consideran omnipotentes. En el Islam, el musulmán debe someterse a la voluntad omnipotente e inescrutable de Alá. En el Japón, la respuesta para un evento tal como un terremoto puede ser el dicho: shogonai, que significa: “las cosas son como son”, “no hay nada que yo pueda hacer”.
Discipulando naciones
Otros obstáculos para tomar riesgos incluyen: el miedo al fracaso, el miedo a quedar mal, el miedo a lo desconocido, el miedo al futuro y el simple y llano egoísmo. Cristo condenó fuertemente a aquellos que rehusaron ser fieles y tomar riesgos por el reino.

Tomado del libro: Discipulando naciones de Editorial FHI

Darrow L. Millar


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