La Corriente

Humilde servidor
Jul | 2008 (GMT-3)

Es común ver cristianos que dicen dar su vida por Cristo, pero son pocos los que están dispuestos a dar más allá de sus fuerzas por sus líderes. ¿Está dispuesto a ser un fiel escudero?

Terry Nance
Terry Nance
Una noche de 1982 sentí grandes deseos de estar a solas con el Señor. Me dirigí a la sala y comencé a orar. Súbitamente sentí en mi espíritu que debía leer la historia de David y Saúl. Yo sabía que el Señor iba a revelarme algo.
Al comenzar a leer llegué a 1 Samuel 16:21: “Y viniendo David a Saúl, estuvo delante de él; y él le amó mucho, le hizo un paje de armas”.
De repente el Señor iluminó las palabras paje de armas o escudero en mi espíritu. Él me dijo: “Te he llamado a ser escudero del pastor Caldwell”.

¿Qué es un escudero? En los tiempos del Antiguo Testamento el escudero era el responsable de llevar el escudo de su amo en medio de la batalla. Tenía la gran responsabilidad de velar por la seguridad del oficial.
En ese momento de mi vida, Dios estaba poniendo mis prioridades en orden.
Vivimos en un mundo que sabe muy bien acerca de dar su vida por otros. Es de vital importancia que el cristiano tenga completo entendimiento de este concepto, especialmente si sabe que ha sido llamado al ministerio.

EscuderoEn vez de ofrecernos al servicio de los demás, nosotros en la iglesia esperamos que otros nos sirvan. En particular esta es la postura que tomamos hacia el hombre o hacia la mujer de Dios.
Tú y yo nunca podemos movernos en una unción como la de Eliseo hasta que no hayamos aprendido a servir a un Elías. Jesús dijo: “Nadie tiene mayor amor que este, que uno pondo su vida por sus amigos” (Juan 15:13).
No es difícil decir que estamos sujetos a Jesús, pero la pregunta es: ¿estamos sujetos a otro ser humano? Ahí la historia cambia.

Un día le pregunté a Dios qué pasaría con mis sueños y mis deseos. Él me dijo que se los entregara a Él, y que me dedicara a realizar los deseos y visiones de mi pastor, asegurándome que si lo hacía Él se encargaría de que mis sueños y deseos fueran realizados. Me recordó que fue exactamente lo que hizo Jesús; cedió su propia voluntad y deseos para hacer la voluntad de su Padre en su vida. A su vez, el Padre se aseguró de que los sueños y las visiones de Jesús fueran realizados.
– ¿Y yo? ¿Qué sucederá con mi dolor, mis heridas y mis problemas?

Francamente, en el cuerpo de Cristo hay demasiados bebés. Es tiempo de comenzar a dar nuestras vidas por otros, poniendo nuestra confianza en que Dios se hará cargo de nuestras heridas y nuestras frustraciones.
Hay asociados que su único deseo y meta es estar delante de la congregación y predicar. Ellos quieren estar delante del pastor, hasta que comience la guerra; ¡entonces de repente saltan detrás de él! Dios no nos ha llamado a ti y a mi a ir delante de algún líder para que la gente nos vea y nos reconozca, sino para levantar nuestro escudo de fe y protegerlo de las palabras hirientes de la gente y de los dardos encendidos del diablo.
El escudero de Dios
Nunca progresarás hacia el liderazgo hasta que no hayas dominado el arte de apoyar a tu líder espiritual.

Tomado del libro: El escudero de Dios de Editorial Unilit.
Terry Nance