| La Corriente | ||||
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Aprenda de los errores Dic | 2006 (GMT-3) “Una vida exitosa depende de saber desarrollar un porcentaje más alto de sabiduría que de errores.”
– ¿Qué importa? –dijo objetivamente–. Soy un fracaso. Alguna vez tuve mucha esperanza y planes, pero son una risa ahora. Todo se enredó. Arruiné todo con mis estúpidos errores. Ahora nadie creerá más en mí. Así era su jerga fatalista. Se quedó en silencio, luego suspiró: – Y eso no es lo peor, apuesto a que perdí la fe en mí mismo. A los veintinueve años había sido despedido de una buena compañía por cometer serios errores en la responsabilidad que tenía asignada. – ¿Por qué lo hice? –gritó con una miserable futilidad–. Tenía la oportunidad de mi vida en esa firma. Eché a perder mi mejor oportunidad. ¿Por qué hice tal estupidez? ¿Qué pasa conmigo? – Mejor vuelva a la antigua filosofía –le recordé– y no llore sobre la leche derramada. ¡Quién no comete errores! Pero el peor error es permitir que cualquier error le destruya la fe en sí mismo. El único proceder sensato es estudiar y analizar la razón por la cual cometió el error. Aprender todo lo posible del mismo, luego olvidarlo… y seguir adelante. Imagínese actuando mejor la próxima vez. En la vida, es muy importante aprender la forma de cometer menos errores. Le hice otra sugerencia a este joven que, por haber cometido un error y perdido una buena oportunidad, estaba tan profundamente desalentado. Le leí una editorial de Grove Patterson del Toledo Blade. Las editoriales del señor Patterson eran humanas, amables y sabias. De casualidad tenía una de ellas sobre mi escritorio. La editorial se llamaba: Agua debajo del puente, y aquí están algunas líneas de la misma: “Un niño, hace mucho tiempo, se apoyó en la baranda de un puente y miraba la corriente del río que pasaba debajo. Un tronco, un pedazo de madera, una astilla, pasaron flotando. Nuevamente la superficie del río era suave. Pero siempre, como hacía ciento, tal vez miles, o millones de años, el agua se deslizaba por debajo del puente. A veces la corriente era más veloz, y nuevamente muy calma. Pero el río siempre corría debajo del puente. “Mirando el río ese día el niño descubrió algo. No descubrió algo material, algo que podía poner sobre su mano. Ni siquiera podía verlo. Descubrió una idea. Bien repentina e incluso silenciosamente, supo que todo en su vida pasaría, algún día, por debajo del puente, y se iría, como el agua. Y el niño llegó a amar estas palabras: ‘debajo del puente’. “Y no le temió, indebidamente, a los errores después de eso, y ciertamente no les permitió que lo deprimieran, porque eran agua debajo del puente.” Cuando terminé de leer ese sensible trozo el joven se sentó en silencio, perdido en pensamientos profundos. Finalmente, se puso derecho. – Muy bien –dijo, y había un nuevo tono en su voz–. Capté la idea. Un error o una docena de ellos no pueden vencerme. Conseguiré que vuelva la fe en mí mismo. Estoy contento de informar que transformó exitosamente ese error en un patrón de vida muy útil. Al tratar con la tendencia a cometer errores que le atormenta y le trae muchos problemas, es útil desarrollar la psicología de la rectitud. Mucho del contenido del error lo crea la mente; pero es posible crear componentes de rectitud. La verdad y el error son dos fuerzas muy poderosas. Ambas están constantemente en guerra entre sí, tanto en lo social como en lo individual. Si su mente está llena de error, entonces el error tiende a ser afirmativo. Si le permite dominar, naturalmente, hará que usted concrete el error. Pensará en forma incorrecta, su parecer será erróneo, llegará a conclusiones erróneas, y tomará decisiones erróneas. El resultado neto será un patrón general global equivocado. Si, por el contrario, su mente está llena de verdad, estará condicionado por la rectitud. Sus puntos de vista serán correctos, reducirá el porcentaje de errores, y las cosas tenderán a marchar bien. Es tan simple como eso. El problema pareciera estar bien expresado en este pasaje de la Escrituras: “Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Juan 8:32). Y, ciertamente, la verdad lo hará libre de muchas cosas, incluyendo la psicología del error. La tendencia errónea ocasionalmente irrumpe en la mente ordenada, consciente, como formas aparentemente anormales. A veces somos llevados por impulsos profundos que no entendemos y que, ciertamente, son intentos sagaces de nuestro inconsciente por herirnos. Uno de estos impulsos puede ser la voluntad de fracasar, el extraño deseo de castigarnos quizás por un sentimiento de culpa o por algún otro conflicto interno. Es difícil para la mente racional consciente aceptar tales actos “extraños” como una explicación plausible de los errores que cometemos, pero debemos darnos cuenta que la mente inconsciente actúa, a menudo, en forma aparentemente irracional, aunque ciertamente no lo es. Uno de los mejores correctivos para la tendencia destructiva del error es simplemente incrementar la comprensión espiritual. Esto construye la verdad y reduce el contenido de error en su mente. Sature diariamente sus pensamientos con el poder condensado de la fe de la Biblia. Cultive la oración efectiva. Aprenda el arte de la meditación. Someta cualquier pregunta a la comprobación espiritual, y no tome decisiones que no concuerden con el mejor punto de vista ético. Si llena constantemente su mente con la rectitud, buscando siempre la guía de Dios, sus errores menguarán en número y en importancia, ya que su error básico se reducirá rápidamente. La siguiente afirmación diaria demostró ser útil: “Soy un medio para la verdad de Dios. La rectitud de Dios ahora fluye en mi mente. Ahora estoy desarrollando la percepción y la introspección”. Tales afirmaciones estimulan la limpieza mental y ayudan a eliminar los patrones erróneos de pensamiento. Para actuar con eficacia debe desarrollar la sabiduría y la habilidad de pensar correctamente. La sabiduría de Dios es perfecta. Por lo tanto, si se convierte en un “medio” a través del cual la sabiduría de Dios fluye, recibirá una guía y dirección que le sorprenderán. Creo ciertamente que podemos aplicar la sabiduría de Dios para arrojar luz sobre las decisiones personales y, al hacerlo, reducir grandemente nuestros errores. Vivir es una ciencia basada en leyes definidas. Si usted no coopera con esas leyes, la vida puede resultar muy mala. Si aprende esas leyes y vive dentro de ellas, su vida será maravillosa. Un consejo concreto para vivir en armonía con esas leyes, es no emplear menos de quince minutos, todos los días, aplicando pensamientos espirituales selectos a todo lo que no anda bien en su vida. Por pensamientos selectos quiero decir la aplicación de todo lo que sabe respecto a la oración, a la fe y a Dios. Con un espíritu de sincera oración utilice esos pensamientos espirituales selectos para arrojar luz sobre sus faltas y errores. Repita este proceso hasta que piense espiritualmente respecto al motivo particular que necesita mejorar. Esta práctica modificará sus actitudes, haciéndolas crecientemente correctas, lo cual tenderá a dar como resultado soluciones correctas. Las personas que habitualmente piensan en sus problemas diarios de acuerdo a las leyes de Dios, a su tiempo, desarrollarán algo de la habilidad de Dios para resolver tales problemas. Su anterior tendencia a equivocarse será entonces cambiada por un patrón eficiente de pensamiento y de acción. Tomado del libro: Mate la preocupación y viva para siempre de Editorial Peniel Norman Vincent Peale
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