La Iglesia tiene un mandato más que glorioso, que hace de Ricardo Corazón de León y de Aragorn en el Señor de los Anillos, una insignificancia. Un llamado a cambiar el mundo, un niño a la vez.
Fuerte y movilizadora exhortación a predicar el evangelio a los perdidos con la ayuda del Espíritu Santo, quien conoce la necesidad, las circunstancias, las actitudes y pensamientos de cada persona.