| La Corriente | ||||
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El poder de los colaboradores Nov | 2008 (GMT-3) El compañerismo cristiano manifiesta la vida de Cuerpo. "De hecho, aunque el cuerpo es uno solo, tiene muchos miembros, y todos los miembros, no obstante ser muchos, forman un solo cuerpo. Así sucede con Cristo" (1 Corintios 12:12).
La sinergia es el principio que dice que dos o más personas que trabajan juntas en una misma dirección,pueden lograr más que la suma de cada una de ellas trabajando por separado.
Un famoso ejemplo de esto es el estudio realizado con dos caballos. El primero podía tirar un carruaje con una carga de diez mil libras. El segundo podía tirar uno de catorce mil libras. ¿Qué piensan que podían tirar enganchados uno junto al otro, tirando en la misma dirección? La mayoría de la gente pensaría que sería algo así como veinticuatro mil libras, ¡pero la respuesta es cuarenta y nueve mil libras! La suma es mayor que la combinación de las partes. Claro que esto tiene una implicancia negativa también. Si se les hubiera permitido a los caballos tirar en direcciones opuestas, la cantidad total que habrían tirado habría sido mucho menor que la cantidad que tiraban en forma individual. En el ministerio ocurre lo mismo. Cuando trabajamos juntos en la misma dirección, la suma de nuestros esfuerzos es mucho mayor de lo que podríamos alcanzar individualmente. Pablo utiliza synergos, la palabra griega de donde proviene sinergia, para describir a sus compañeros de trabajo como aquellos que "trabajan con" él en la tarea de evangelización. También los llama colaboradores (koinonos; koinonia). Para Pablo, el ministerio en el Espíritu es el ministerio en colaboración con los compañeros de trabajo. En un mundo donde rige la mentalidad del "Llanero solitario", Pablo nos recuerda correctamente que el ministerio poderoso –la sinergia en el Espíritu– acontece cuando compartimos el ministerio, formamos equipos y dependemos los unos de los otros en el poder del Espíritu. Ya tenemos bastantes líderes cristianos vaqueros. Tanta gente concibe su liderazgo en términos exclusivamente individuales tales como: "Yo soy el líder; ustedes son mis seguidores". "Yo soy el pastor aquí, y esa es mi gente" (¡lo cual acarrea un problema teológico aún mayor!). "Lo que importa es mi visión porque yo soy el líder". "No estamos haciendo lo que algunas personas en la iglesia desean, porque no calza con mi visión". Nuestro concepto de liderazgo en el cuerpo de Cristo debe ser una teología del "nosotros". Es un esfuerzo en equipo. Incluso los escritores seculares señalan el desafío a las empresas en el mundo occidental individualista de crear equipos de alto desempeño. Y dicen con toda franqueza que el individualismo es la razón por la cual no se forman equipos: existe una "resistencia natural a avanzar más allá de los roles y responsabilidades individuales". En términos bíblicos, esa resistencia se llamaría "la carne". La alienación, el aislamiento y una arrogancia donde rige el "yo" son los frutos amargos de la caída de Adán y Eva, y de la naturaleza caída que hemos heredado cada uno de nosotros. En cambio, cuando nos unimos "con Cristo" –una expresión teológica favorita e importante en Pablo, paralela a la crucial "en Cristo"– ocurren dos cosas al mismo tiempo: nos reconciliamos con Dios y nos convertimos en parte de una nueva comunidad que está revirtiendo los efectos de la Caída. Comenzamos a reconectarnos. Comenzamos a ser interdependientes. Nos damos cuenta de que, a medida que nos rodea el grupo de gente que está "en Cristo", comenzamos a experimentar con mayor profundidad la gracia y presencia de Dios. El cristianismo es un deporte de equipos. Los cristianos tipo Llanero solitario son ex cristianos o personas espiritualmente enfermas, ya que carecen del elemento indispensable de la fraternidad como parte de su dieta espiritual. Ser un líder cristiano –liderar "en Cristo", en las palabras de Pablo– es un esfuerzo de equipo en el cual cada persona contribuye con sus dones, y el todo es mucho más sano y fuerte que cualquier individuo. La teología del "nosotros" de Pablo, como la he llamado, nos llama a actuar y liderar de maneras nuevas como parte de los redimidos. La "herejía del yo" contradice directamente la obra de reconciliación de Dios. La caída nos separa. La redención nos vuelve a unir. Brian J. Dodd
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