La Corriente

La verdadera bendición
Jun | 2010 (GMT-3)

Un nuevo tiempo para la familia cristiana. Al analizar la historia bíblica podemos ver que hay un progreso y una función sumamente relevante en la vida de las generaciones avanzadas. Dios tiene preparado algo especial para las generaciones venideras.

Ariel Kim
Ariel Kim
En el ámbito cristiano mundial hay un dicho popular que dice: “La verdadera bendición llega en la tercera generación”. Quizás esta frase tan común en países donde el cristianismo ha echado raíces profundas en la sociedad, no haya retumbado tanto en otros continentes por el simple hecho de que la visitación de Dios aconteció en las últimas décadas. Por consiguiente, prácticamente son muy escasos los casos de familias cristianas en donde el bisabuelo, por ejemplo, es evangelista, el abuelo líder de alabanza, el padre pastor y el hijo director de un instituto bíblico.

Soy consciente de lo sensible que es abordar este tema, ya que la mayoría de los cristianos en Latinoamérica es producto del avivamiento que se ha producido en las últimas décadas y, por ende, son primera generación de cristianos. Los testimonios de vidas transformadas, de familias que estaban al borde del abismo, de jóvenes que no podían abandonar su vicio y el vínculo cercano que mantenían con prácticas del ocultismo, por ejemplo, son una evidencia de lo que Dios está haciendo en esta parte del continente.

Dios es un Dios de tres generaciones. Dios trabaja con las generaciones. Fíjese en Abraham. Dios le había prometido que iba a hacer de él una nación grande. Sin embargo, todos sabemos que esa nación grande, es decir, Israel, no apareció durante su vida. ¿Acaso Dios había mentido? ¡No! Es ahí cuando Dios comienza a obrar por medio de las generaciones.

Luego aparece Isaac y luego Jacob. No es ninguna casualidad que Ismael tenga un papel cuasi-protagónico en la vida de Abraham, pues de él dependía si Dios iba a seguir obrando en futuras generaciones hasta cumplir el sueño de una nación grande en su plenitud. Por alguna razón, Dios se presenta como el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob.

¡Cuidado! No digo que para Dios Abraham era lo mismo que Jacob y que José era lo mismo que Isaac. Lo que digo es que desde la perspectiva judeocristiana no se puede considerar a una persona como un simple individuo que carece de relación espiritual con los padres físicos. Es decir, se respeta el individuo pero dentro del marco de la familia.

En ese sentido la promesa que Dios le había dado a Abraham fue desarrollándose de a poco, formándose en la vida de Isaac y acentuándose en la vida de Jacob, cuyos hijos fueron la base de las doce tribus de Israel.

Fíjese en Timoteo. Él era tercera generación de creyentes. La primera generación fue Loida, su abuela; la segunda fue Eunice, su madre. Lo más sorprendente es que la fe sincera que animaba a la abuela siguió en la vida de su madre, y ahora estaba en él. Otra vez, hay una relación espiritual con los padres físicos.

Soy muy respetuoso de los estadounidenses, no solo porque nos trasmitieron el Evangelio, sino porque también han sido ejemplos y han demostrado lo valioso que es conservar la fe de generación en generación. Hace un tiempo escuché una noticia de que alguien cercano a mí había ingresado a una de las instituciones teológicas más prestigiosas del mundo. En el formulario de aplicación, él escribió algo así: “No tengo mucho que decir, simplemente siento el llamado de Dios al ministerio y por eso quiero ingresar en su institución. Mi abuelo fue pastor, mi padre es pastor y mi aspiración también es ser pastor”.

Los directivos no tardaron en responderle que no solo iban a aceptarlo como alumno, ¡sino que iban a darle el 100% de beca hasta finalizar el curso! ¿La razón? Simplemente valoraron que venía de una familia de pastores.  

familia cristianaMe sorprendió la predicación de un pastor coreano, quien decía enfáticamente: “¿Por qué los estadounidenses oran con las piernas cruzadas sentados cómodamente en unos sillones y Dios les responde, mientras que nosotros los coreanos nos arrodillamos con lágrimas en los ojos, clamamos y Dios apenas responde?” Y seguía explicando que los padres de aquellos estadounidenses ya habían pagado el precio y por eso los hijos no tenían más que gozar de las bendiciones de Dios.

La primera generación es la que experimenta un cambio de vida drástico. Por lo general, son testimonios de vidas que ni siquiera conocían lo que era una iglesia evangélica, pero que Dios los sorprendió. ¡Y gloria a Dios por ellos! Sin embargo, todo les cuesta mucho, tienen que remar contra la corriente, el ambiente en que tienen que sobrellevar su vida de fe es muy hostil y tristemente mucho no se espera de ellos.

Pero Dios levanta a una nueva generación. Es una generación que no depende del milagro, sino de la persona de Dios. Es la generación que ha crecido en la escuela dominical, cuyos padres les han dicho con un cierto tono de arrepentimiento: “Hijo, tienes que aprender La Biblia desde niño. Lamentablemente yo no tuve esa oportunidad que tienes tú ahora. Si yo hubiese tenido todo lo que tú tienes ahora, hubiese sido una persona totalmente distinta”. Es la generación a la que se le enseña que hay que asistir a la iglesia, que hay que leer La Palabra de Dios, que hay que diezmar y tantas otras cosas fundamentales para la vida cristiana sólida.

La primera generación es la que apenas podía sobrellevar una vida cristiana madura, la que vivía de arrepentimiento en arrepentimiento, pero la segunda generación es la que se esfuerza para llevar el mensaje del Evangelio e influenciar en todos los sectores de la sociedad. De ahí surgen los que lideran iglesias, empresas, sectores políticos.

Pero esto no termina allí. Ahora llega la tercera generación. Esta generación nace en una cultura cristiana. Es la generación que no va a ser mal vista por sus padres, porque quiera ingresar a un instituto bíblico o porque decida ofrendar una suma importante de dinero para una obra misionera. Es la generación que dice: “Mi abuelo fue pastor en un pueblo pequeño en el campo, mi padre tuvo una editorial muy humilde que publicaba literatura cristiana, y yo sigo con esto que hacía mi papá y que hoy –gracias a Dios– se ha convertido en una empresa mundialmente conocida”. ¿Me entiende?

Por tanto, debemos detenernos aquí un momento. Si tan solo la segunda o la tercera generación demuestran la suficiente solidez para no caer en pecado, sino seguir su camino en la fe, pues estamos ante la expectativa de un fenómeno social que impactará prácticamente el país entero en los próximos años. El próximo avivamiento acontecerá a través de los hijos de creyentes, es decir, la segunda, la tercera y la cuarta generación de familias cristianas.

Haciendo una lectura muy cuidadosa del país, considero que Dios está levantando a la tercera generación como nunca antes he visto. Es la generación que ha nacido en la Iglesia, que nunca se ha alejado de ella, que ha decidido impactar a la sociedad con el poder de Dios y que se ha preparado para este tiempo. Son los hijos de pastores, los nietos de líderes de grupos pequeños, los sobrinos del director de alabanza que Dios está levantando en este continente.

Si tan solo preparamos a nuestros hijos y a nosotros mismos en compromiso para con la obra de Dios, no tenga duda, estamos en la antesala de una revolución que impactará la sociedad. A esta altura de las cosas, creo que nuestros ancestros cristianos no se equivocaron en decir: “La verdadera bendición llega en la tercera generación”.

Ariel Kim es discípulo del pastor Yonggi Cho y pastor de la Iglesia Dongsan en Buenos Aires. Además, es autor de libros como Liderazgo de la Cuarta Dimensión y El principio de la Cuarta Dimensión.

Ariel Kim