La Corriente

No te tires por la ventana
Jul | 2007 (GMT-3)

Hay esperanza aún para aquellos que no ven salida en su matrimonio. La vida es como un reto que exige luchar, y que nos permite ver los resultados de todos nuestros esfuerzos por medio de los problemas que hemos resuelto.

Manos y anilloHace años se produjo un incendio en el hotel Wenecoff de Atlanta, Georgia, EE.UU. Muchos murieron antes de que los bomberos pudieran sofocar las llamas. Pero en su mayor parte, los que fallecieron no lo hicieron a causa de las llamas sino al tratar de hallar una salida o, lo que fue peor, al arrojarse desesperadamente por las ventanas.

Los destructores de las bases de la sociedad y de la familia no son los problemas, sino la manera en que la gente los enfrenta, es decir, los caminos que toman los individuos cuando buscan la solución de las crisis. Es necesario reflexionar sobres las crisis y los problemas, antes de tomar decisiones irrevocables. Y analizarlas para ver cuál es la mejor, a corto y largo plazo, y ante los ojos de Dios. Por eso dice La Biblia: “Paraos en los caminos y mirad” (Jeremías 6:16), y otra vez: “Mejorad vuestros caminos y vuestras obras” (Jeremías 7:3).

El viaje del famoso trasatlántico Titanic, el insumergible, en su primero y único viaje, que lo hizo en 1912, chocó con un témpano en el océano Atlántico, y en el desastre murieron mil quinientas personas. La película sobre esta catástrofe presenta con mucho dramatismo la desesperación de los pasajeros. Más de uno de ellos preguntaba: “¿Quién es responsable de esto?” Y otros: “¿Quién puede ayudarnos en esta hora trágica?”

¿Quién es responsable, en la vida familiar, del hundimiento del hogar? Y así recordamos aquella ocasión en que Jesús iba con sus discípulos en una nave, y de pronto se desató una tormenta, al parecer sin posibilidades de escape. Los discípulos, temerosos, muy desesperados, se allegaron a Jesús y le preguntaron: “Maestro, ¿no tienes cuidado que perecemos?” Dice a continuación el mismo pasaje, que Jesús calmó el temporal y después habló de este modo a los discípulos: “¿Por qué estáis así amedrentados? ¿Cómo no tenéis fe?” (Marcos 4:35-41).

En tu vida matrimonial podrá levantarse una furiosa tormenta que amenazará hundir a toda la tripulación. Pero no olvides esto: Jesús no está fuera de la nave, está allí, contigo. Deja que Él realice el milagro, no te arrojes al mar pensando que de todos modos vas a morir.
Huir del problema no es resolverlo. Se calcula que el cuarenta y seis por ciento de los niños que abandonan sus hogares, lo hacen incitados, de una manera u otra, por sus padres. El treinta y cinco por ciento  de los niños que huyen de sus hogares proviene de familias destruidas. Se calcula que cada año los mismos padres echan del hogar a unos cien mil jóvenes.

Tememos enfrentar los problemas cuando creemos que no tienen solución. Se nos ha dicho repetidamente que el temor mata más gente que el trabajo, porque la gente teme más de lo que trabaja. Teme al pasado o al futuro, a los espacios abiertos y a los cerrados, a la soledad y a las multitudes, a las alturas, a la enfermedad, a la muerte. Alguien ha señalado que por lo menos tenemos ocultos cien tipos de temores.

¿Están en orden tus prioridades?
Cuando los individuos pongan en el debido orden sus metas, sueños, deseos y anhelos, es decir, las cosas que desean alcanzar a corto y a largo plazo, sentirán que vale la pena vivir la vida, que es como un reto, que exige luchar, y que nos permite ver los resultados de todos nuestros esfuerzos por medio de los problemas que hemos resuelto, y porque no nos dejamos aplastar por ellos. Si andamos despacio, con los ojos puestos en Dios, veremos siempre una puerta abierta, una nueva oportunidad del Padre que tanto nos ama, y no tendremos entonces el deseo de arrojarnos por la ventana.

Dijo Phillip Brooks: “No pido una carga más liviana, sino una espalda más fuerte”. Nuestro Dios puede hacernos más fuertes que las circunstancias que nos rodean. Si estás desesperado y no sabes qué debes hacer, no hagas nada. Será entonces cuando Dios empezará a obrar: “Estad quietos y conoced que yo soy Dios”, nos dice el Señor en el Salmo 46. Podrás mover a tu gusto las manecillas del reloj, pero no cambiarás con ello la hora verdadera.
El divorcio no es la solución
Para poder hacer un milagro en la noche oscura, Dios hace primero la noche, después el milagro. La luz celestial te iluminará, espera en Dios y verás los resultados.

Tomado del libro: El divorcio no es la solución de Editorial Betania

Salvador Negrín