| La Corriente | ||||
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Una navidad secular Ene | 2012 (GMT-3) Los tiempos que corren nos hacen reflexionar. Lo que vemos en las calles nos debe poner alertas la tarea que nos corresponde hacer en el nuevo año que comienza. Nuestro rol para los días venideros. Las enciclopedias dicen que la secularización es un proceso que experimentan las sociedades a partir del momento en que la religión y sus instituciones pierden ascendencia sobre ellas, de modo que otras esferas del saber van ocupando su lugar. Con la secularización, lo sagrado cede el paso a lo profano, y lo religioso se convierte en secular. El término secular proviene del latín saeculare, que significa "siglo", pero también "mundo". De ahí que secular se refiera a todo aquello que es mundano por oposición a lo espiritual y divino. Uno de los sentidos que se le da al término secularización se refiere a la pérdida de influencia de la religión en la cultura. Si en otra época estuvieron sometidas a la influencia de grupos religiosos, con la secularización, la ciencia, la moral, el arte y otras expresiones humanas reconvierten su papel al margen de lo religioso. En el lenguaje cotidiano, sencillamente, cuando empleamos la expresión secular adjudicada a algo —ya sea música, enseñanza o estilo de vida—, secularización viene a ser la manera de describir la decadencia de las prácticas y creencias religiosas en una sociedad. Luego mis anfitriones me llevaron a un gran parque que tiene un lago, y allí se había montado un espectáculo audiovisual de luces, video y música. Las canciones y las letras hablaban de una feliz navidad en todos los idiomas, celebrando a Jesús, el Salvador nacido. Todo era exagerado, o, como dicen ellos "lo mais grande do mundo". De regreso a Buenos Aires, la ciudad donde vivo, no pude hacer otra cosa más que comparar lo que había visto y vivido. No encontré referencias a Jesús, a la Navidad, ni a nada que festejara la ocasión, solo un árbol, que dos días más tarde fue destruido por vándalos en una manifestación. Buenos Aires, su gente y su cultura ha pasado a ser una ciudad secular. La noche del 24 de diciembre fui a un templo, compartí un momento de comunión con gente hermosa, escuché al coro y la orquesta de esa iglesia ejecutar himnos de manera asombrosa, con una calidad inigualable, de excelencia total. Al final el Aleluya de Haendel, lo hacía sentar a uno en el borde mismo del asiento, con ganas de gritar: "¡Bravo. Muy bueno!". Fue un tiempo que los creyentes disfrutamos mucho. Afuera la sociedad clama por una salida. La cultura secular está dejando sus huellas: la violencia, los crímenes a sangre fría, el aborto, las constantes peleas políticas, y esta atmosfera sin Dios ha dado como resultado una población convulsionada. Preocupa y duele la patria, sus habitantes, su suelo y su futuro. Mientras ha amanecido el año 2012, va nuestra oración: "Señor, danos una Argentina como la que quieres; ayúdanos a compartir a Jesús a cada ciudadano". Pero también va nuestra acción: salgamos a mostrar a Cristo con hechos en una cultura secular pero desesperada. "Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve insípida, ¿cómo recobrará su sabor? Ya no sirve para nada, sino para que la gente la deseche y la pisotee. Ustedes son la luz del mundo. Una ciudad en lo alto de una colina no puede esconderse. Ni se enciende una lámpara para cubrirla con un cajón. Por el contrario, se pone en la repisa para que alumbre a todos los que están en la casa. Hagan brillar su luz delante de todos, para que ellos puedan ver las buenas obras de ustedes y alaben al Padre que está en el cielo" (Mateo 5:13-16). Bendecido 2012. Hasta la próxima. Omar Daldi |
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