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Editorial
 
La unión hace la fuerza
Oct | 2011 (GMT-3)

¿Alguna vez se ha puesto a reflexionar sobre los alcances que tiene la paz? ¿Ha pensado en los puentes que construye el amor? Dejar un poco de lado las diferencias.
paloma

Hace bastante tiempo, junto a un grupo de jóvenes y adolescentes iniciamos una especie de campaña que tenía la intención de generar acciones buenas en nuestro entorno. Comprendía actos de honra hacia nuestros padres, abuelos, hacer algo que ayudara a alguna persona con algún tipo de necesidad, promover la unidad, y varias cosas más semejantes a esas.

Eran cuarenta días de "buenas acciones" que tuvieran un significado para alguien. Cada uno de los que participábamos hacíamos por día las mismas cosas, es decir, se estableció de antemano lo que haríamos día por día; todos haríamos las mismas acciones, los mismos días.

Recuerdo que uno de los días debíamos ir a los directivos de nuestros colegio y decirles que estábamos dispuestos a ayudar a nuestra escuela de alguna manera. Así que, con esa consigna en mente, pensé qué era lo que iba a decir.

El lunes aguardé a que fuera el horario del recreo y fui hasta la oficina de la directora.

—Señora directora, quisiera hablar con usted por unos minutos. No le voy a quitar mucho tiempo.

—No hay problema, querida. ¿En qué te puedo ayudar? —me dijo muy amablemente.

—Asisto a una iglesia evangélica, y junto a un grupo de jóvenes iniciamos una campaña que tenga como propósito generar algún bien en nuestro alrededor. Sinceramente no se me ocurrió nada que yo pueda hacer, solamente creí una buena idea venir a decirle que a pesar de que yo soy evangélica y esta es una institución católica, sería bueno que estemos unidos.

Como la directora no atinó a decirme ni una palabra, y debido a que me molestan un poco los silencios, proseguí.

—La verdad es que siempre resaltamos las diferencias que hay entre nosotros, y para ser sincera, no quisiera entrar en ese tema. Es más, vengo a decirle que miremos las cosas que tenemos en común, que también son muchas, y trabajemos juntos en pos de eso que nos une, que creo que es lo más importante.

La señora, un tanto mayor, quedó helada. No supo qué decir. Por eso continué con mi discurso:

—Bueno, vine a decirle que si en algo puedo ayudar a mi escuela, cuente conmigo.

Ahí sí que me había quedado sin más que decir. Afortunadamente, ella se dio cuenta de que debía responderme de alguna manera.

—La verdad es que es muy grato oír tus palabras. Me parece excelente que nos unamos mediante aquello que tenemos en común, ya que así seremos más fuertes. Aprecio tu ofrecimiento, y creo que lo que podemos hacer es que juntas, desde nuestro lugar, oremos por la escuela y cada uno de los chicos y profesores que están aquí. El Dios al que le hablamos es el mismo, y la intención también. Así que juntas podemos hacer eso.

Desde ese entonces y hasta el final de mis días como estudiante de secundaria, mi relación con los directivos cambió completamente. Un ambiente de paz, de compañerismo, de buena voluntad y de unidad se construyó entre nosotros. Los resultados fueron asombrosos. Nunca imaginé que aquellas palabras resultaran tan poderosas.

Pero, a decir verdad, no fueron las palabras. Fue la actitud. Fue el acento puesto en la unidad.

Días atrás, ingresé al Facebook oficial de Argentina Oramos por Vos, en donde muchísimas personas dejan los testimonios de lo que el Señor está haciendo en sus ciudades debido a la campaña de Los 40 Días.

Fue tan sorprendentemente grato encontrarme con testimonios de personas de varias otras religiones que se unieron a muchos evangélicos en pos de orar por nuestro país. Quizá esté equivocada, pero sinceramente no veo esto a diario; es más, veo cosas casi opuestas. Lamentablemente, muchas veces nos encargamos de resaltar aquello que nos diferencia, aquello en lo que no acordamos, aquello que nos separa y no nos permite tender puentes.

¿Hay diferencias? Seguramente las haya. No es mi intención negarlas. Pero sí rescato el valor de la disposición hacia la confraternidad. Sí valoro la voluntad de unirnos más allá de cualquier frontera con el objetivo de alcanzar aquello que es deseable por todos.

Las actitudes de paz siempre ganan. Siempre resultan más poderosas que cualquier discusión teológica. La paz abre caminos inimaginables.

Justamente ese es mi desafío. ¿Es fácil? No lo será para todos. ¿Es posible? No tengo ninguna duda. ¡Cuán diferente sería el mundo si todos tuviésemos un poco más en mente estas ideas! ¡Cuántas cosas lograríamos si nos propusiéramos trabajar juntos en unidad!

¡Hasta la próxima!

Evangelina Daldi
evangelina@peniel.com



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