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Editorial
 
La oportunidad de ser parte del cambio
Sep | 2011 (GMT-3)

Del 4 se septiembre al 10 de octubre.

campañaRecuerdo que hace unos años viajaba en colectivo cuando me sucedió algo que en ese momento me pareció tremendo –y digo "en ese momento" porque lamentablemente hoy ya sea un tanto habitual y cause poca sorpresa–.

Me había sentado en la hilera que trae un solo asiento, por lo que no cabía acompañante al lado. A lo largo del viaje, como en absolutamente todos los viajes en colectivo, subieron varios pasajeros, por lo que no noté la presencia de uno en particular. Este uno se había sentado en el asiento inmediatamente posterior al mío, hasta que en cierto momento me habló al oído exigiéndome que sin llamar la atención le diera mi reloj y todo el dinero que traía conmigo, porque en el caso que me negara me clavaría el cuchillo que había apoyado ligeramente sobre mi cintura.

Sin saber muy bien cómo actuar, le fui dando las cosas una por una. Pero en medio de eso, un pasajero que notó que algo extraño sucedía se me acercó para preguntarme:

–¿Te está haciendo algo este hombre?

La verdad que pienso que hoy reaccionaría diferente a como lo hice aquella vez, pero realmente en aquel momento trate de disimular lo que estaba pasando. Imagino que fue por temor a que el ladrón me hiciera daño.

Una vez que le di todas mis pertenencias, este hombre se puso de pie y le gritó al chofer que le abriera la puerta de inmediato. Y así fue: el conductor rápidamente le abrió la puerta trasera para que pudiera descender.

Y automáticamente me puse a llorar por toda la situación. Cuando el pasajero que me había preguntado si estaba bien me vio, lo primero que hizo fue venir a confirmar lo que sospechaba:

–Ese hombre te robó, ¿no? ¿Te hizo algo más?

Le dije que estaba todo bien, que realmente le agradecía lo que hizo por mí, pero que realmente no me había animado a decirle lo que sucedía. Este hombre, furioso, fue a lo del conductor y comenzó a gritarle y reclamarle cómo podía ser que haya abierto la puerta cuando sabía perfectamente lo que pasaba.

Luego de varias horas, y yo más calmada, comencé a pensar y cambiar el foco de mi pensamiento. Ya no pensaba en qué horrible lo que me había pasado o no sentía pena por lo que había perdido, sino que estaba atónita al pensar que con el colectivo lleno nadie fue capaz de ayudarme. El grito desesperado del ladrón denotó claramente que le urgía bajarse, porque algo malo había hecho. De las treinta personas que viajaban conmigo, solo una fue capaz de "tratar de hacer algo".

¿El hombre que intentó ayudarme, en el caso de haberlo logrado, hubiera acabado con los robos en los medios de transporte públicos? Seguramente no. Ninguno de los que estaban allí podría haber hecho algo más que detener el robo. Aún así, nadie tuvo la valentía de intentarlo.

No es mi intención juzgar la actitud de las personas que iban conmigo, porque entiendo que pudieron haber tenido miedo de interponerse o bien ni siquiera se dieron cuenta. Pero este hecho me hace pensar en el próximo desafío que tenemos en puerta. Nuestro amado país está a punto de enfrentar las próximas elecciones presidenciales; grandes tiempos vienen para la Argentina. Y más allá del futuro, creo que vivimos unos tiempos difíciles en donde nos enfrentamos a nuevas problemáticas sociales, económicas, morales, éticas y tantas otras. Todos los estratos y cada generación presentan necesidades sumamente complejas que bien sabemos que ni el mejor plan económico podría suplir. La necesidad espiritual que vive nuestro país nos llama. Y la campaña de "Los 40 días de ayuno y oración" nos desafía a participar en la transformación no solo personal, sino también de nuestra cultura.

Esta campaña iniciada por el ministerio de "Argentina oramos por vos", tiene el objetivo de unir a los cristianos de toda la República Argentina de todas las iglesias, para unirnos y participar juntos de esto que sin duda alguna marcará la historia de la Iglesia argentina y de nuestro querido país.

Cada uno, desde nuestro lugar, puede iniciar diferentes actividades con la finalidad de llevar el Evangelio allí a donde estamos. Celebro cada una de esas iniciativas. Pero creo que Los 40 días presentan una oportunidad única para unirnos todos juntos, bajo un mismo clamor y con igual propósito: ver la Argentina que Dios quiere.

Tenemos la oportunidad de ser partes del cambio, podemos comenzar algo que traerá cambios profundos para la vida de nuestro país. Sé parte del cambio, únete a las más de setecientas congregaciones y los ochenta y ocho mil intercesores que están listos para alzar el clamor.

Te animo a que juntos podamos ser parte de la transformación de la Argentina que comienza hoy.

Si querés inscribirte o inscribir a tu iglesia local, no dejes de entrar a www.oramos.com  Allí recibirás toda la información que necesitas. Frente a cualquier consulta escribí tu correo electrónico a oramos@oramos.com.ar

Qué alegría y gozo inexplicable nos provocará saber que nosotros tuvimos que ver con la Argentina que viene.

¡Saludos!

Evangelina Daldi
evangelina@peniel.com



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