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Casi...
Sep | 2007 (GMT-3)

Laura Bermúdez
Laura Bermúdez
La Biblia nos señala que determinadas personas o grupos de personas estuvieron “casi” adentro del Reino de Dios.
La afirmación de Jesús en Marcos 12:34 fue dicha a un escriba o maestro de la ley, que eran los encargados de la compilación de las crónicas y la colección y arreglo de todas Las Escrituras, tarea que hacían tan minuciosamente que contaban las letras que escribían, para que no hubiera ni una de más, ni una de menos. No estaban lejos.

Pero esta afirmación también les alcanza a los sacerdotes (ver 11:27), los que oficiaban en el culto a Dios, especialmente en hacer expiación por el pecado. No estaban lejos.
Y también a los ancianos (ver 11:27), que eran tratados con reverencia –los jóvenes debían ponerse en pie si pasaba uno de ellos–, pues tenían cierto gobierno y autoridad, no solo sobre sus familiares, sino también sobre el pueblo. No estaban lejos.
Y también a los fariseos (ver 12:13), que eran expositores y celosos defensores de la ley, aunque solo en sus aspectos externos, hasta tal extremo que llegaron a practicar un formalismo vacío, hueco. No estaban lejos.

Y ni qué decir de los herodianos (ver 12:13), que formaban un partido político judío adicto a Herodes, que se sometían voluntariamente al poder romano y sostenían que era justo pagar tributo a los emperadores. No estaban lejos.
Además, estaban los saduceos (ver 12:18), filósofos librepensadores; muchos de ellos de la más alta categoría social, que estaban en pugna con los fariseos.
A cada uno de estos personajes les cabe la frase: “– No estás lejos del reino de Dios”.

¿Y qué diríamos de Judas? Judas, contado entre los doce apóstoles, fue escogido por el Señor, era considerado de alta confianza, pues administraba las finanzas del grupo; vio a Jesús hacer milagros –sanidades, cuando multiplicó los panes y los pescados, cuando calmó la tempestad, cuando volvió a la vida a algunos que habían muerto…– pero que traicionó a su Maestro en una acción tan bien concebida, que ninguno tenía la más mínima sospecha de él. No estuvo lejos.

¿Y si pensamos los que junto a Noé construyeron el arca? Seguramente era un buen número de ayudantes, que escucharon vez tras vez la prédica de Noé… pero no la creyeron. No estuvieron lejos.
Y Mateo 19 registra el caso del joven rico que le preguntó a Jesús qué debía hacer para obtener la vida eterna. Al final del relato el evangelista escribe: “Se fue triste…” (v. 22); estuvo cerca, casi dentro del Reino.

CarreraY en Hechos 24 se relata al caso de Félix, el procurador de Judea, “que estaba bien informado del Camino” (v. 22), que al escuchar la exposición de Pablo acerca de la fe en Cristo Jesús, “tuvo miedo” (v. 25), pero que terminó el tema cuando le respondió: “¡Basta por ahora! Puedes retirarte. Cuando sea oportuno te mandaré llamar otra vez” (v. 25). No estuvo lejos, fue un postergador.

Y en Hechos 26 aparece el tetrarca Agripa –Pablo lo llama “rey” (vv. 2, 26, 27)– a quien Pablo relata con muchos detalles cómo había sido su vida, y cómo Jesús se le apareció, camino a Damasco, como “una luz del cielo, más refulgente que el sol, que con su resplandor nos envolvió a mí y a mis acompañantes” (v. 13). Pablo le habló de la conversión, del perdón de los pecados, de la herencia entre los “santificados” (v. 17), y dijo que le constaba que Agripa creía en los profetas; pero Agripa, que lo trató de loco, le confesó: “– Un poco más y me convences a hacerme cristiano” (v. 28). No estuvo lejos.

¿Qué enseñanza nos dejan todos estos hechos?
Deben hacernos reflexionar; porque podemos conocer toda La Escritura, saber trozos, capítulos o libros enteros de memoria, como los escribas, y no estar dentro del Reino de Dios. O podemos saber todos los “rituales” de la iglesia, sus costumbres, como los sacerdotes, y no estar adentro.
O podemos ser reconocidos, como los ancianos, como de tal o cual congregación, y no estar adentro. O quizá conozcamos y defendamos Las Escrituras –cosa en sí muy buena–, como los fariseos, pero si eso es solo algo intelectual, no estaríamos adentro.

O podemos escuchar y analizar las palabras de Jesucristo, como los herodianos, pero si no las creemos, no estar adentro. O podemos recibir la enseñanza bíblica, y rechazarla, como los saduceos y, por ende, no estar adentro.
O podemos haber visto muchas de las maravillas que Dios hace, como Judas, y no estar adentro. O podemos haber trabajado en “el arca de la salvación”, como los empleados de Noé, y no entrar.

O podemos interesarnos y preguntar acerca del “camino de la salvación”, como el joven rico, y no andar en él. O, como Félix, haber escuchado a grandes predicadores de la palabra, pero ser “un postergador” y, por lo tanto, no estar adentro. O, como Agripa, nunca llegar a tomar la decisión de creer totalmente, solo parcial y pobremente… y no estar adentro.

¿Habrá muchos casi en el camino, casi creyentes, casi salvos? ¿Estaré rodeado por gente que está casi adentro, pero no adentro?
¿Y dónde estoy yo?

Bendiciones.

Laura Bermúdez


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