La Corriente

El cumpleaños de nuestra patria y sus consecuencias
Jun | 2010 (GMT-3)

Los 200 años de la Nación Argentina. Hemos vivido una alegre revolución en los últimos días. Los ojos del mundo han estado puestos en la Argentina y nosotros, como ciudadanos de esta magnifica Nación hemos experimentado una realidad nunca antes vivida. Y esto mismo es lo que ha traído algunas consecuencias.

Los últimos acontecimientos nacionales me han llevado a la reflexión sobre los tiempos que actualmente vivimos. En lo personal me siento un tanto sorprendida al ver los preparativos y lo que ha pasado en lo que respecta al Bicentenario de nuestra patria. Creo que el festejo de estos 200 años y sumado a las vísperas del Mundial de Fútbol, se ha despertado en nuestro pueblo un espíritu festivo, patriótico y de grandes expectativas. Y, por supuesto, celebro esto.

Este ambiente de celebración y regocijo no ha provocado otra cosa más que obligarnos –en el buen sentido de la palabra– a poner nuestros ojos en el gran país en el que vivimos. Por un momento sacamos la mirada de los sucesos atroces que suceden a diario, para dar lugar a una nueva perspectiva de esperanza. Por algunos días nos hemos atrevido a mirar las cosas buenas que tenemos: la calidad de nuestro pueblo, las maravillas que podemos encontrar a lo largo y a lo ancho de nuestro país, la unidad que podemos lograr cuando nos lo proponemos, la calidez y la solidaridad que nos ha caracterizado siempre, la alegría que podemos tener a pesar de cualquier situación difícil, la capacidad de recuperación sobre cualquier crisis y tantas otras cosas que podríamos mencionar y que nos ocuparían páginas y páginas.

Y aquí es donde me surgió una idea para el análisis: cuando queremos, podemos lograrlo. No me refiero a nada en particular, sino al todo en general. Creo que cuando nos proponemos algo, somos capaces de alcanzarlo. Hemos nacido en un país maravilloso a pesar de las muchas opiniones contrarias que podamos hacer –y que no por eso quiere decir que no sean ciertas–. Pero lo que quiero rescatar es que tenemos la valiosa capacidad de saber apreciar las cosas maravillosas que nos rodean, y eso representa un potencial asombroso. Y digo esto porque cuando somos capaces de mirar lo bueno que tenemos, lo mucho que podemos lograr, la gente que nos rodea y lo felices que podemos ser si nos lo proponemos, entonces contamos con una luz de esperanza que nos llevará lejos.

Digo esto porque cuando conocemos en quién confiamos, cuando sabemos que contamos con personas que están ahí para ayudarnos y apoyarnos en lo que sea que nos propongamos hacer, cuando un sueño nos despierta y nos impulsa a salir de nuestra tienda, cuando somos capaces de poner nuestra mirada en lo que tenemos y no en lo que nos falta, entonces contamos con todo lo necesario para vivir grandes cosas, para provocar grandes cambios y para influenciar positivamente a todos aquellos que por alguna razón han perdido la esperanza.

Y para eso también estamos. Nuestro Señor nos ha puesto en el lugar donde estamos para que funcionemos como agentes de cambio, agentes de transformación e “inyectores” de esperanza. Ahí donde todo se ve gris, ahí donde la paz pareciera no existir, ahí donde las lágrimas abundan y la alegría es algo perdido, es ahí mismo donde debemos entrar a escena.

Como venimos mencionando, nosotros, no solo como pueblo argentino, sino como algo mayor, como hijos de Dios, tenemos todo lo que nos hace falta para provocar un cambio. Sembrar esperanza donde no la hay, ser luz en medio de la oscuridad, provocar gozo en lugar de tristeza y brindar paz en vez de desesperación.

Claro que pueden faltarnos cientos de cosas y, por supuesto, puede ser que nuestra realidad no sea la mejor. Y es por eso que quiero presentarles un nuevo desafío: que pongamos nuestra mirada en lo que el Señor nos ha dado y comencemos a “trabajar” con eso, teniendo la plena certeza que Dios proveerá de todo lo demás.

Él nos ha hecho libres y nos ha dado con eso una esperanza gloriosa. Nos ha salvado, nos ha perdonado y nos ha prometido un futuro maravilloso. Sabemos y creemos firmemente que nos esperan grandes cosas, aun cuando encontremos dificultades y obstáculos en el camino, aún cuando no siempre nos mantengamos de pie. Sabemos que contamos con nuestro gran Libertador, y Él estará allí para ayudarnos.

Con esto, no podemos más que estar agradecidos por lo que Dios nos ha regalado, por el país en el que vivimos y por la maravillosa oportunidad de cambiar el mundo, cosa que es nuestra responsabilidad.

No perdamos tiempo... hay mucho por hacer.

Argentina, ¡feliz cumpleaños!

Bendiciones.

Evangelina Daldi
evangelina@peniel.com