La Corriente

El secreto de Jesús
Ago | 2008 (GMT-3)

"Yo le debo al mundo una vida llena del Espíritu Santo, porque le debo un encuentro con Dios."

Laura Bermúdez
Laura Bermúdez
Cada mañana, desde la ventana de mi comedor, puedo ver el amanecer. Un raro privilegio viviendo en la gran Ciudad, pero es así, desde el 5° piso y mirando al este mi pequeño ventanal me regala una espléndida puesta en escena cada día –que no llueve o está nublado, por supuesto.

Son tan lindos los amaneceres y tan diferentes uno de otro, con nubes grandes, o nubes chicas, con los rayos saliendo disparados atravesando todo lo que encuentran; diferentes gamas de colores, amarillos, ocres, naranjas, lilas, junto con el celeste del cielo y el blanco o gris de las nubes... todo un despliegue de creatividad con cada nuevo despertar. ¡Y todo para mí!

¿Llegará el día en que me canse de mirarlo? Tal vez, pero espero que no. Ese día quizá estaré muy ocupada, atareada, fastidiada o distraída. Tal vez tampoco habré orado, ni meditado en La Palabra, quizá la rutina habrá ganado mi alma y lo que ahora me sorprende y alegra, será visto como algo más de la costumbre diaria.

Jesús también lo disfrutaría
Los evangelios cuentan que Jesús solía ir bien temprano a orar, antes que el Sol saliera; y muy seguido pasaba la noche entera en el monte orando. Él también habrá visto hermosos amaneceres y habrá alabado al Padre por ellos.

Cuando leo los evangelios y observo cómo Jesús vivía encuentro aspectos que me impactan:

  • A Jesús se lo ve siempre en control de la situación.
  • Él conocía los tiempos para cada uno de los pasos que iba a dar.
  • Sabía si debía quedarse o ir. Si tenía que hablar o callar.

No me imagino a un Jesús apurado, empujando las sillas a su paso y resongando ¡porque no encontraba las zapatillas o el pantalón o la camisa no estaban planchados!
Y no es que vivía en una nube de gloria, conectado siempre con las alturas espirituales; no, Él fue un hombre enteramente humano.

AmanecerSe cansó luego de una larga caminata hasta llegar al pozo de Samaria, se conmovió hasta las lágrimas cuando vio a las hermanas de su amigo Lázaro llorando cuando este murió, se enojó con los cambistas que comerciaban en el Templo, y se fastidió con sus discípulos cuando no terminaban de aprender.
Sin embargo, junto a Él reinaba la paz. Sabía perfectamente a qué había venido, cuáles eran sus prioridades, cómo correría el día. Su secreto radicaba en la comunión diaria que tenía con Dios. Sus madrugadas, sus vigilias y su dependencia del Padre.

Considero que hay algo especial en las madrugadas. Para mí no hay una mejor manera de comenzar el día: abrir la venta, ver cómo comienza a prepararse el cielo para la salida del Sol, tomar La Biblia y leer algunos capítulos de corrido (y con unos mates de por medio) presentar mi vida delante de Dios, así como lo hizo Jesús.

Traer el cielo a nosotros
Bill Johnson, en su libro "Cuando el cielo invade la Tierra" dice que al mundo le debemos un encuentro con Dios. "Yo le debo al mundo una vida llena del Espíritu Santo, porque le debo un encuentro con Dios. Sin la plenitud del Espíritu Santo en mí y sobre mí, no le puedo dar a Dios un vaso entregado para que Él fluya".

Te animo a que lo pruebes y vas a ver la gran diferencia. Deseo que tengas ¡muy buenos amaneceres!

Bendiciones.

Laura Bermúdez