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Editorial
 
El pobre árbol
Jul | 2007 (GMT-3)

El invierno y sus profundas enseñanzas.

Laura Bermúdez
Laura Bermúdez
La última tormenta de frío y lluvia arremetió sin piedad contra el árbol que se encuentra enfrente de mi casa, dejándolo desnudo, sin hojas, justo ahora que el frío es más intenso.
No es que estoy muy pendiente de lo que le pasa a ese árbol gigante… simplemente, buena parte de sus hojas quedaron amontonadas en el portón de mi casa, no podía ignorarlas, apiladas en varias partes de mi patio como diciéndome: “¿Te atreves a barrerme?”

Ahora miro el árbol por la ventana, y pienso en las enseñanzas que me deja el invierno.

1. Es una etapa inexorable, no puede evitarse, llega inevitablemente, año tras año.
2. Es un tiempo que muchas veces se relaciona con la vida. Tiempo frío, para refugiarse, para estar adentro, cubiertos.
3. Lo bueno es que así como llega, se va. Lo marca el calendario en un día clave, 21 de septiembre, pero por más que se demore en irse, no puede hacerlo por mucho tiempo; siempre llega el día en que el invierno es desplazado por la primavera.
4. Aquello que el invierno se lleva, la primavera lo devuelve.

¿En qué etapa de la vida te encuentras? Tal vez te identificas con este frío invierno, y con las ramas peladas de mi árbol… justo cuando más falta le hacían sus hojas. O como aquel niño que cuando el viento polar soplaba con fuerza, el papá lo llevó al peluquero… ¡pobrecito, y ahí anda con su cabeza rapada!

Son contrasentidos. No debería ser así, pero sucede. ¿O no nos pasa que cuando más necesitamos compañía, esta se aleja de nosotros como soplada por quién sabe qué vientos extraños? ¿O en el momento en que más entusiasmados veníamos para realizar miles de proyectos, vino el peluquero con su afilada navaja y nos dejó desprovistos de fuerzas, ánimo y salud?
Lo bueno es que todo vuelve a crecer, tengamos esperanza. Dios es un Dios de ciclos y nada dura eternamente. Las pruebas vienen y se van, la salud se pierde, pero puede recuperarse. Nos desilusionamos de las circunstancias, pero pasados unos meses estamos otra vez con fuerzas renovadas, creyendo, confiando.

ArbolA veces es bueno discernir esos tiempos, digo los malos, y aprovecharlos para reflexionar. El sabio en Eclesiastés decía: “Cuando te vengan buenos tiempos, disfrútalos; pero cuando te lleguen los malos, piensa que unos y otros son obra de Dios, y que el hombre nunca sabe con qué habrá de encontrarse después” (7:13).

Los tiempos de “invierno” pueden ser los días más enriquecedores de la vida. Todo depende de los ojos con los que los miremos. Si nos enfocamos en la soledad y ausencia de compañía, seguro que ese será el color con el que veremos cada uno de los días. Pero si consideramos que en la prueba no estamos solos, sino que Él eligió ese tiempo para cobijarnos bajo su sombra y cubrirnos con su mano, puede llegar a ser una etapa de revelación y descubrimiento del amor de Dios, como nunca antes la tuvimos. De nosotros depende. El invierno puede ser triste o gris, o una época diferente con espléndidos días para caminar a la luz del sol sintiendo como las hojas de los árboles crujen bajo los pies.

Hay personas que eligieron la queja, el lamento y la actitud lastimera como un estilo de vida. Para ellos cada tiempo tiene su mal, aún la más linda primavera. Pero otros, por una decisión de fe, resolvieron pararse sobre la roca y declarar con La Palabra: “Porque él me esconderá en su tabernáculo en el día del mal; me ocultará en lo reservado de su morada. Sobre una roca me pondrá en alto” (Salmo 27:5),“En la sombra de tus alas me ampararé hasta que pasen los quebrantos” (Salmo 57:1).

Dice otra vez Eclesiastés: “Todo tiene su momento oportuno; hay un tiempo para todo lo que se hace bajo el cielo […] Dios hizo todo hermoso en su momento, y puso en la mente humana el sentido del tiempo, aun cuando el hombre no alcanza a comprender la obra que Dios realiza de principio a fin” (3:1,11).
¿Quién puede llegar medir lo que traerá el futuro? ¿Quién lo sabe y lo tiene asegurado? “Siempre existe la posibilidad de que lo mejor esté por venir”, decía una tarjeta que me regalaron. Y es verdad… ¿por qué no?

En lo que se refiere a una vida plena, no todo depende de las circunstancias, ni de los favores, ni del poder, ni de la capacidad; todos podemos plantarnos frente a la vida con una actitud de ganadores, y eso depende de nosotros. “A todos les llegan buenos y malos tiempos”, diría Salomón. A todos, nadie está excluido, es solo cuestión de expectativa, se trata nada más que de fe.

Bendiciones.

Laura Bermúdez


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