| La Corriente | ||||
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Los caminos extraviados de la ciencia materialista Mar | 2007 (GMT-3) “Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas” (Romanos 1:20).
Según el filósofo Skolimowski, “parecemos simplemente incapaces de librarnos de nuestros vínculos con la teología (…) Newton, con su ciencia, intentó seguir a la teología. Nosotros, con la nuestra, intentamos destruirla. Intentando escapar desesperadamente del predicamento de la teología, hemos creado una “antiteología” que, no obstante, es ella misma una teología”. Lo que quisiéramos preguntarnos desde este artículo es si la ciencia o la imagen científica del mundo es la única que puede dar el significado de la realidad. Si es que entendemos la finitud como un atributo de los fenómenos actuales, ¿puede la ciencia responder a cuestiones eternas y de significado último? Por ciencia, entendemos principalmente las ciencias experimentales, como cuerpo de conocimiento organizado y de alguna manera verificable, que se articula en observaciones, experimentos, leyes y teorías sobre la naturaleza. Por teología entendemos y nos referimos a la cristiana, que elabora, desde La Palabra de Dios y a la luz de la fe, un cuerpo de doctrina mediante la reflexión especulativa. Según estas limitadas definiciones ¿podemos armonizar ciencia y teología? Según Norbert Bundscherer: “Al existir como ciencia tanto las ciencias naturales como la teología, todo hombre que reflexione no puede desentenderse de la coexistencia, en su propio ser, de las ciencias naturales y la teología (...) Si ha de llevarse a cabo un diálogo fructífero entre las ciencias naturales y la teología, es preciso que el teólogo demande de las ciencias naturales que o persistan en su punto de vista de que sus conocimientos son la única realidad positiva, mientras por otra parte el científico de la naturaleza debe exigir a la teología que no se considere como suprema administradora de los conocimientos humanos, que concede al menos a cada ciencia cierta libertad para su propia actividad. Ambas esferas del conocimiento, ciencias naturales y teología, deben de reconocer un pluralismo fundamental de la ciencia”. Lo que algunos proponen es instaurar una “teología de la ciencia”. Sin embargo, la ciencia y la tecnología que el mundo contemporáneo enarbola desafiando a la teología, no puede por sí misma resolver las cosas del espíritu y los propósitos revelados de Dios. Lo que podía proponerse sería un encuentro con la ciencia contemporánea, y encontrar esa “teología en la ciencia”, porque las cosas de Dios son “reveladas por medio de las cosas hechas”. José Antonio Jáuregui, en su libro “Dios hoy”, escribe: “Stephen Hawkins es uno de los fundadores de la Teología de la Ciencia, asignatura pendiente que nos concierne a todos y que debe formar parte del nuevo currículum, tanto en facultades científicas como en facultades filosóficas, antropológicas, teológicas o humanísticas. Comienza una nueva era de diálogo y debate entre dos países académicos tradicionalmente enfrentados o, lo que es peor, incomunicados, separados por un muro erigido por la ignorancia y la soberbia: el de la ciencia y el de la teología”. El saber dar razón de nuestra fe en la modernidad, nos obliga a cierta reflexión. No vale recitar una colección de versículos, aprendidos sin estudiar su contenido, sino saber dar su explicación relacionando todos los elementos relativos a la fe con los antropológicos, filosóficos o simplemente existenciales. Cuando queremos explicar que Dios creó el mundo en siete días e hizo a cada ser según su especie, infundiendo en el hombre la imagen misma de Dios, tendremos que enfrentarnos con la teoría de la evolución, que siendo una teoría indemostrable; sin embargo, tiene el mundo lleno de adeptos y fieles creyentes de ella. La teología debe buscar en las ciencias, interlocutores válidos en la búsqueda común de la verdad, porque tanto la fe como las ciencias saldrán ganando. La fe ganará porque sus representaciones religiosas no estarán en conflicto con un mundo tan marcado por la mentalidad científica y los avances técnicos. La ciencia ganará porque ya no vendrán los monstruos del “sueño de la razón” para agotar, empobrecer y destruir el mundo de la vida, sino que encontrará en Dios al Diseñador inteligente pero inagotable. Es precisamente en el tema del comienzo y fin del universo donde se dan las mayores controversias, y por eso decía Taylor: “Las cuestiones realmente importantes acerca del cosmos no han sido contestadas (...) la ciencia, por sí misma, no puede dar cuenta de ellas”, porque toda explicación del universo no puede darse con pruebas empíricas suficientes. Manuel de León es escritor, historiador, y director de «Vínculo» (revista de las Iglesias de Cristo de España). Tomado de ProtestanteDigital.com Manuel de León
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