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Como llevar café caliente
Mar | 2008 (GMT-3)

¿Cómo lleva usted el encuentro fresco de Dios en su vasija interior?¿Cómo guarda una iglesia el depósito divino de una experiencia de adoración hasta la siguiente? Una enseñanza espiritual extraída de la vida cotidiana.

Tommy Tenney
Tommy Tenney
¿Ha experimentado usted alguna vez algo que fue tan maravilloso, extraordinario y deleitoso que no quería que se acabara? Esos raros momentos vienen y se van en nuestras vidas. Dios también crea nuevos momentos que no queremos que se acaben cuando Él entra en medio de uno de nuestros cultos de adoración, de oración, o momentos devocionales, y nos revela una vislumbre de su gloria. ¿Cómo puede usted retener algo tan maravilloso y fugaz?

Hace poco descubrí otra pieza del rompecabezas y misterio de su presencia. De nuevo, vino por medio de las maestras de quienes he aprendido mucho: mis hijas. Esta vez, fue mi hija menor.
Decidí que quería café, así que me levanté para servirme una taza. Entonces mi hija de ocho años se acercó al mostrador de la cocina y me dijo:
– Yo te sirvo, papá. Permíteme servirte.
– No, cariño –le dije–. Ese café está caliente... Puedes quemarte.
Renuentemente aceptó mi advertencia, pero aún mientras me servía el café ella presentó la siguiente idea:
– Pues bien, entonces déjame llevarte el café a tu asiento.
Sabía que esto no iba a terminar pronto, así que le dije:
– Está bien –y me aseguré de no llenar completamente la taza como siempre lo hago. Ella no notó la diferencia.

¿Ha visto usted alguna vez a una pequeña de ocho años llevando una taza de café caliente por primera vez? Si la ha visto, entonces probablemente sabe que usted ha presenciado una de las pocas veces en que un manojo de energía y curiosidad apenas controlada ha disminuido su velocidad a menos de quince kilómetros por hora –aparte de cuando tiene sueño por agotamiento–.

Los bebedores de café experimentados pueden colgarse de un dedo una taza de café llena y sacar la basura mientras tienen que esquivar al perro, hablar por teléfono, enseñar una clase, clavar clavos, cambiar pañales o incluso correr de puntillas en un aguacero de primavera en Louisiana, para alcanzar el buzón sin regar ni una sola gota.

Es algo diferente cuando se trata de la primera vez. La primera vez que usted trata de llevar una taza de café caliente, sabe que no debe correr como si sus pantalones estuvieran quemándose, que es la velocidad usual en la que andan los pequeños de ocho años. El primer paso es la parte más difícil del recorrido. Cualquier tipo de arranque súbito, repentino o muy fuerte puede regar la hirviente infusión por sobre el borde de la taza y sobre su piel expuesta. Incluso después del primer paso, usted avanza con pasos cortos, vacilantes. Mira rápidamente al suelo, arriba, por encima, y luego de nuevo al contenido humeante de la taza para asegurarse de que ningún obstáculo o problema por delante podría hacerle derramar su depósito hirviente de café.

¿Cómo lleva usted el encuentro fresco de Dios en su vasija interior? ¿Cómo guarda una iglesia el depósito divino de una experiencia de adoración hasta la siguiente? ¿Cómo “se lleva a casa” esto en la vida real?
Ande con todo cuidado y sea consciente de todo movimiento de Él en su corazón. Sea que usted está conduciendo su coche, dirigiendo el culto, predicando un sermón o bañando a su nene, si siente su toque suave sobre su hombro, entonces levante la vista para mirar su rostro. Cuando Dios invade su espacio vacío de hambre, vuélvase para encontrarlo en espíritu.

Responda a su gentil llamado como lo hizo el joven Samuel; tentativamente diga en la oscuridad de su cuarto vacío: “Habla, que tu siervo oye”.
La primera vez Él tiende a venir de repente. Después de eso, usted puede encontrarlo inesperadamente conforme lo persigue anhelantemente y busca su rostro.
Prepárele un lugar de hambre, anhelo, adoración y alabanza, e invítelo a volverse y a morar con usted. “¿Qué quieres, Señor? ¿Cómo podemos bendecirte y alojarte esta noche, Señor?”
Así es como usted hace correr sus dedos por los pliegues del velo entre los ámbitos natural y espiritual.

De repente su espíritu halla una ventana, una rendija que conduce más allá de los límites del tiempo, espacio y eternidad. La dulce fragancia de la presencia divina del Padre descenderá al acercarse Él para beber la fragancia de su sacrificio de alabanza: “Eres tú, Señor! Sabíamos que vendrías otra vez”.

CafeDéle tanto hambre de su presencia que nada más importe
¿Cree en serio que usted puede cambiar literalmente el ambiente de su hogar, su trabajo y su comunidad? Si la presencia de Dios interviene, yo también lo creo. ¿Espera usted sinceramente atraer a Cristo a los perdidos y hambrientos de su familia y comunidad? No ocurrirá si trata de hacerlo embutiéndoles doctrina por la garganta. Pero, si les hace sentir tanto hambre de la presencia de Dios como para que nada más importe, entonces yo también lo creeré.

Si ha experimentado un fresco encuentro con Dios y ha recibido un depósito fresco de su presencia, entonces debe andar con cuidado. A la larga tal vez aprenda cómo llevarla con facilidad, pero por ahora, camine con cuidado. ¿Recuerda cuando sintió a Jesucristo tan cerca, pero su “distracción” hizo que usted tropezara con sus propios pies de barro y derramó algo? Perdió el momento, el humo se disipó, y todo se acabó demasiado
pronto.

Ame a sus amigos, abrace a sus hijos, vaya a comer fuera, ríase y hable, pero recuerde que Dios ha depositado en usted algo sobrenatural. Camine con todo el cuidado como para no “derramar” algo. Si puede volver a su reunión de adoración y devociones privadas sin derramar nada de lo que Dios ha depositado en su corazón, entonces no tendrá que empezar de nuevo. Puede pasar de este depósito de gloria al siguiente nivel en Él, pasando “de gloria en gloria”. La meta es aumentar su capacidad para llevar la presencia de Dios y su luz en el ámbito de las tinieblas.

Si habla con sus amigos y de repente siente que una oleada de su presencia le viene encima, deje de hablar y vea qué es lo que Dios quiere. Cuando siento una oleada de su presencia, yo dejo de predicar, sin que importe cuántas personas me están viendo. Ese es el momento para orar en silencio: “¿Qué deseas, Dios? Tú estás a cargo”.
Aprenda a llevar su presencia de modo que usted pueda llegar a ser un portador contagioso. El rey David descubrió que la gloria de Dios –representada por el arca antigua del pacto– debía ser llevada en los hombros de hombres, y no en plataformas o artefactos hechos por el hombre.

El primer intento de David de llevar a Jerusalén el arca de la presencia de Dios, fracasó porque trató de llevar la gloria de Dios en una carreta nueva tirada por bueyes.
Su segundo intento resultó porque usó los hombros consagrados de la humanidad ungida, para que llevaran el arca de la presencia de Dios al lugar santo que había preparado de antemano.

Todavía tratamos de llevar la gloria de Dios en las “carretas de bueyes” de nuestros programas y fórmulas evangelizadoras hechas por el hombre, promovidas por el hombre. Los preferimos porque son más fáciles, son más predecibles, y son más suaves en la carne que domina muchos de nuestros cultos.
La verdad es que la presencia de Dios viene en los hombros de hombres y mujeres, y siempre ha sido así. Un programa jamás llevará a la presencia de Dios a una iglesia.

Cuando la carne de nuestra humanidad se vuelve ociosa tratamos de importar o llevar las cosas de Dios usando métodos que no nos haga sudar, a fin de poder caminar al lado de ellas, y entusiasmarnos por “transportar la Gloria”. La verdad es que no queremos sudar.
Jesús mismo nos enseñó a hacer exactamente lo opuesto. Vino a la Tierra como siervo, y se despojó a sí mismo.

Los Captores de DiosSi usted no cree que el sudor tenga valor, imagínese a Jesús sudando en el huerto del Getsemaní… Hay cosas que ocurren cuando suda su carne en su hambre por el Padre.
¿Está usted dispuesto a pagar el precio por la presencia de Dios?

Tomado del libro: Los captores de Dios de
Editorial Peniel

Tommy Tenney


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