Los diversos intereses menguan el poder de una persona. Las personas que dejan una marca en el mundo, son aquellas de un solo propósito.
 |
| F.B. Meyer |
John Foster habla de un joven que un día escaló un cerro desde el cual podía ver la heredad que había dilapidado y perdido; mientras meditaba sentado y observaba lo que había sido su hogar ancestral, se le cruzó por la mente el propósito de recuperarla. De inmediato se puso en pie para concretarlo.
Pasando por una aldea y viendo carbón tirado al costado de una casa, obtuvo una ración por trasladarlo a su depósito, y a partir de ese momento con todo gusto desarrolló las tareas más serviles que a su vez le abrieron camino a otras más remunerativas, hasta que un día juntó suficiente dinero para comprar la heredad que había perdido, y finalmente murió con mucho dinero en su cuenta. Fue un único propósito: deshacer el pasado, lo que transformó a este joven en otra persona, una persona fuerte.
El otros casos el propósito de superar el mal genio y cultivar un espíritu de perpetua urbanidad, dio sentido y dirección a la vida que nunca antes lo había tenido. El propósito filantrópico ha afirmado, ennoblecido y dinamizado una y otra vez al alma de muchas personas que parecían agotadas y desesperanzadas.
Se ciñeron los lomos con un nuevo empeño, y en su determinación se han hecho fuertes.
Adopta un propósito, y vive por él
Un arroyo que se extiende demasiado a lo ancho, y se dispersa en demasiados canales, no tiene fuerza motriz; un arroyo de cauce muy angosto concentra una corriente suficiente para mover mecanismos de molinos a lo largo de su recorrido. Un corazón concentrado, aunque aun no esté consagrado, es más fuerte que un corazón dividido.
Un corazón consagrado
La concentración hace fuerte al hombre, pero la consagración lo convierte en santo, y obtenemos esta vida fuerte y santa cuando nuestro corazón está afirmado; no simplemente afirmado en nosotros mismos, sino afirmado porque estamos unidos a Dios: “Liga mi corazón a ti, oh Dios… en todos tus caminos en este mundo, liga mi corazón a ti”.
Es el hombre que se liga a la naturaleza como lo han hecho Edison, Newton y Faraday, como todo gran descubridor debe hacerlo, al descubrir que la naturaleza le sirve mejor. Si luchas contra la naturaleza, si antagonizas con ella, si resistes las leyes del agua o del fuego, te ahogarás o quemarás; pero si estudias la forma en que la naturaleza trabaja en todo el mundo, si unificas tu vida con ella, entonces ella pondrá en movimiento tus automóviles, encenderá tus lámparas y suplirá todas las necesidades de tu diaria existencia.
Lo mismo se aplica a las grandes leyes de nuestra vida nacional. La ley que es agradable al hombre que cumple con sus deberes ciudadanos, es la que arruina a aquellos que la resisten. La ley que promueve el desarrollo de la virtud hasta sus máximas expresiones, es la misma que condenará al asesino. Debes unirte y ligarte a la ley para obtener beneficio de ella.
¿No es así con el carácter humano? Quizá conozcas a alguna persona que no te simpatizaba; de hecho, te disgustaba. Pero después de un tiempo te abrió su corazón. Te sobrevino una gran compasión y tú y él quedaron unidos. Descubriste que lo habáis juzgado e interpretado mal, y cuando tu corazón se abrió a él, llegó a ser amigo íntimo; cuando te ligaste afectivamente a él y comenzaste a comprenderlo, llegó a ser una gran ayuda en tu vida.
Lo que es verdad en la naturaleza, en la ley, en la simpatía humana, también lo es con Dios. Los hombres que viven en oposición a Dios no pueden comprender quién es Él. Es un enigma para ellos. Una gran barrera de hielo parece separarlos de Él; pero en cuanto una persona se liga a Dios y llega a ser uno con Él, su vida se simplifica y fortalece.
Dios siempre avanza en sus grandes ministerios. Cada mañana pasa junto a tu lecho y te dice: “Despierta y ven”. ¡Pidámosle, entonces, que lleve nuestras pequeñas vidas a unirse a su gran corazón y poderoso movimiento, para que en aguda simpatía y leal cooperación avancemos con Él!
A medida que nos ligamos a Dios, el dominio del mundo se aflojará. El amor de Rut por Noemí naturalmente la alejó del amor por su pueblo y sus dioses.
La atracción de la Luna genera una marea alrededor del globo, y el mar siente su atracción, que es más fuerte que la gravedad.
¡Así sea con cada uno de nosotros en nuestra relación con el Señor! “Atraéme; en pos de ti correremos” (Cantares 1:4).
Tomado del libro: La pura intención del alma de Desarrollo Cristiano Internacional.