Mayo | 2012 (GMT-3)   Inicio | Eventos | FAQ | RSS | Enlaces | Mapa del Sitio | Contactenos  
 
 
::| Buscar:       [Busqueda Avanzada]  
 
Categorias  
Editorial
Vida Cristiana
Iglesia Cristiana
Liderazgo
Edificacion
   » Devocional
Misiones
Musica
Actualidad
Familia
Humor
Suscripciones
::| Encuesta
¿Crees que el cristianismo está impactando a la sociedad en que vivimos?
Si
No
No sé
::| Newsletter
Su Nombre:
Su Email:
 
 
 
Edificacion » Devocional
 
La vacilación de la fe
Dic | 2007 (GMT-3)

Un viaje en el que se arriesga todo para encontrar lo anhelado.

Steven Mosley
Steven Mosley
Los trozos de ramas y barro seco que cayendo sobre su cabeza en esa habitación repleta de gente, seguramente deben haber sido fastidiosos. El ruido que producían cuatro hombres que furiosamente hacían un agujero sobre el techo, seguro fue objeto de distracción. Más allá de todo, Jesús revelaba la esencia del reino de los cielos. Pero los intrusos no desistirían de lo que hacían en el techo. Finalmente junto con una lluvia de escombros, una estera descendió hacia el pequeño espacio en medio de la multitud, justo en el lugar donde Jesús estaba. Sobre ella yacía un hombre enfermo y desesperado.

Jesús pudo haber visto muchas cosas cuando miró hacia arriba, y vio el azul del cielo por la abertura del techo, tanto como la silueta de los hombres que se agarraban de las vigas del techo mientras bajaban esta figura con sus cuerdas. Pudo haber visto descortesía e insensibilidad. Pudo haber reconocido la presunción. Pudo haber identificado la patética desesperación. Pudo haber notado la obvia impaciencia de aquellos hombres.

En cambio, Mateo, Marcos y Lucas nos dicen que Jesús vio la fe de ellos, la fe de quienes se encontraban al borde de un improvisado hueco en el techo. Vio la fe de ellos mientras la suciedad y las hojas todavía caían, pero Él estaba enfocado en la fe de ellos.

Jesús, como una celebridad sanadora que pasa por el pueblo, pudo haber notado muchas cosas, mientras era empujado por quienes lo rodeaban en plena ciudad de Capernaum. Pudo haber agradecido a todos los que lo admiraban y trataban de tocarlo, para poder contar a sus nietos que lo habían tocado –es decir, si este tipo vivía lo suficiente como para llegar a ser famoso–. En cambio Jesús heló la impetuosa procesión que marchaba a paso largo, y demandó saber quién había sido la persona que extendió la mano para tocarlo, quién le había tocado con fe. Era esa pálida y avergonzada mujer que se escabullía entre la multitud. Sí, era ella. Él habría sentido una pincelada de fe y lo que quería que ella supiera, era que esa fe la había sanado.

Jesús tenía un olfato para la fe. Siempre enfatizaba en ella. Nada lo hacía más feliz, que encontrarla. Nada lo dejaba más perplejo que la falta de fe. No se cansaba de decirle a la gente que era la misma fe de ellos lo que les había hecho bien. Y Él podía descubrirla en los lugares más improbables.

Un insistente ciego en un costado de la ruta no dejaba de gritarle a Jesús, para que notara la fe.
Una mujer cananea le rogó dramáticamente, y Jesús vio la fe.
Una ramera del pueblo interrumpió una noble reunión de gente para sollozar a los pies del Maestro, y Jesús vio la fe.
Uno de diez felices y efusivos leprosos tuvo presente en la mente el sentido de la buena educación. Por sus propios medios y con la clara evidencia de su sanidad, se volvió para agradecer al Maestro, y Jesús vio la fe en él.

IncendioLo sobresaliente en cuanto a Cristo, es que construía su reino sobre la fe, es que estaba totalmente dispuesto a empezar con los materiales más escasos. Él tomó cualquier bocado perdido de fe que se cruzaba en su camino, e hizo maravillas con ellos.

Muchas congregaciones tienen un agradable y ordenado paquete doctrinal sobre el cual usted supuestamente puede firmar, si es que “viene con fe”. Se supone que la creencia aparecerá después que usted haya estudiado ese paquete y concluya en que, de hecho, esa es la verdad total, y nada más que la verdad.
Es allí donde un viaje de fe puede llevarlo. Ese es su destino. Muchas veces se convierte en algo blanco o negro. Usted puede tenerla o no. Puede caminar por ese iluminado sendero, o puede deslizarse hacia la oscuridad fuera de él.

Por esa razón muchos de mis amigos se han desviado hacia religiones organizadas. Es casi como ver una lista, y ya están de viaje. Sin embargo, Jesús podía afirmar la fe en el momento en que la advertía. Y afirmó toda clase de fe: la fe supersticiosa de la mujer en la multitud, ella pensó que allí habría un poquito de magia en el borde del manto de Jesús. La suplicante fe a medias del hombre cuyo hijo se convulsionaba en el suelo. La aterrada fe del oficial de la sinagoga cuya hija de doce años se moría.

Las gentes de Capernaum, de Betesda y de Jerusalén, ¿en qué forma se acercaban a Jesús? Por lo general decían: “¿Quién es este tipo?” Todos venían con prejuicios. Todos venían con curiosidad de perezoso, además de una terrible desesperación. Venían por los rumores que escuchaban y por las verdades a medias. Venían con sus miradas vacías. Muy pocos vinieron a Él con el pleno conocimiento de que era Jesús el Mesías.
Pero Jesús se las arregló para tocar la fe. Despertaba la fe como algo viviente. Es un proceso, no es una de las piezas de un equipo que se compone de partes limpias o pulcras. Jesús no tenía miedo de respaldar esos primeros y descuidados pasos, ese primer parpadeo de fe. Él tenía el toque. Podía hacer que la llamita de una oscura mecha explotara en grandes llamas.

La fe no puede ser forzada. Es mejor tratar a la fe como a una tímida enamorada. No empiece con mucha fuerza.
La fe es algo que uno debe creer, en lugar de encogerse de hombros.
La fe es solo una chispa cuando usted nunca ha visto el fuego.
La fe es una mano vacía que siente que algo se ha dejado caer dentro de ella.
La fe es una decisión de mantenerse alerta.
La fe es aceptar que la plenitud está en alguna otra parte, porque usted siente que esa plenitud no está en su corazón.
La fe es arreglarse y vestirse, porque usted tiene un lugar adonde ir.

Secretos del toque de JesúsEl toque de Jesús hace brotar la fe como la sonrisa de un niño. Déle un pequeño espacio. Relájese. Deje de retorcerse las manos por algún comentario difuso acerca de la verdad de Dios. Avívela. Crea que la fe se volverá cada vez más hacia su autor y perfeccionador. Deje caer pedacitos por aquí y por allá. Hable un poco, escuche mucho.

Tomado del libro: Secretos del toque de Jesús de Editorial Peniel

Steven Mosley


Rating (Votos: 0)   
    Comentarios (0)        Enviar a un amigo        Imprimir


Otros Articulos:
Levanta la vista (Dic.2007)
Las mejores noticias (Mayo.2007)
Cuando Dios dice: ¡es ahora! (Abr.2007)
Una cáscara vacía (Abr.2007)
Creemos en la resurrección (Mar.2007)
Los caminos extraviados de la ciencia materialista (Mar.2007)
Una palabra de advertencia (Ene.2007)



 
::| Ultimas Notas
::| Eventos
Mayo 2012  
Do Lu Ma Mi Ju Vi Sa
    1 2 3 4 5
6 7 8 9 10 11 12
13 14 15 16 17 18 19
20 21 22 23 24 25 26
27 28 29 30 31    
 
Portadas

Portada Marzo 2011

::| Destacados
Cuando solo el amor importa
Ir más allá de los regalos
¿Ya te inscribiste en la escuela de Dios?
La vacilación de la fe

[Top Page]  
Inicio   -   Eventos   -   FAQ   -   RSS   -   Enlaces   -   Mapa del Sitio   -   Busqueda Avanzada   -   Archivo   -   Contactenos