¿De dónde proviene el amor necesario para amar a otros con todo el corazón, cuando las circunstancias no son favorables?
Reflexión basada en un testimonio de vida.
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| Gary Smalley |
Nos gustaría poder decir que amar a otros con todo el corazón es siempre fácil pero, lamentablemente, no lo es. Sara lo aprendió por su propia experiencia. Tuvo que pasar por pruebas que la mayoría de la gente nunca tiene que enfrentar, pero descubrió que en medio de esos increíbles obstáculos hay una fuente de poder infinito e inmutable que puede sostener y enriquecer nuestro amor.
Sara estaba emocionada porque ese hombre joven y bien parecido iba a ser su esposo. Era fuerte y enérgico, y desde el momento en que lo vio se sintió cautivada. Disfrutaron muchas bendiciones juntos en esos primeros años de matrimonio viviendo en la bella campiña cercana a su pueblo natal en Rivas, Nicaragua.
El primer hijo que tuvieron Sara y José Ángel Meléndez fue un varón. Sara mecía a su bebé suavemente en el porche de su casa, mientras leía La Biblia o una novela, disfrutando de los placeres y desafíos de una familia en crecimiento. Pronto estuvo embarazada de su segundo bebé, y su corazón se llenó de expectación. En medio de una cultura colmada de “religión”, ella procedía de una familia que enfatizaba la relación personal con Cristo.
Al comienzo del embarazo habían confundido los síntomas con una gripe y su tío, el médico de la zona, le había recetado un nuevo medicamento proveniente de Alemania, llamado Talidomida.
Como ignoraban los efectos secundarios de dicho medicamento, la familia Meléndez no estaba preparada para lo que presenciaron en el momento del nacimiento. El pequeño Tony, su nuevo bebé, había nacido sin brazos.
Mientras los médicos y las enfermeras cuidaban a Tony, los desconsolados padres se quedaron en la habitación de recuperación. Sara buscaba fuerzas para enfrentarse a lo que les deparaba la vida, y las encontró cuando llegó su madre. Apenas entró a la habitación secó las lágrimas de su hija y le dijo:
– No es momento de llorar. Dios nos ha enviado este bebé y Él sabe lo que hace.
A partir de ese momento Sara encontró fuerzas en la fe de su madre. Su corazón se llenó de ternura hacia su hijito, al punto que podía tomarlo en brazos suavemente y decirle:
– José Antonio Meléndez, eres un bebé precioso. Dios te ha dado tanto. Tienes un rostro hermoso, ojos castaños, una nariz pequeña, una boquita que parece hacer pucheros y dos orejas pequeñas y perfectas. Eres casi perfecto, Antonio, tienes un cuello fuerte y varonil y hombros anchos. Tienes todo lo que te hace falta para llegar a ser un hombre fuerte y apuesto. Dios tiene hermosos sueños para ti y Él y yo nos aseguraremos de que se cumplan.
A medida que pasaban los años Tony recibió la increíble ternura que su madre aportó a la familia. Sus oraciones constantes y sus palabras de aliento:
– No te aflijas, Dios tiene algo maravilloso para ti. Confía en Él y Él te cuidará.
Esta era la fuerza orientadora de su vida. Pero Tony también vio a su madre ejercer el lado severo del amor cuando él y su familia más lo necesitaban.
Después del nacimiento de Tony, su padre se sacrificó mucho para procurar que su hijo recibiera todo lo que necesitaba. Parte de lo que requería era atención médica que no se encontraba en el lugar donde vivían, de modo que José mudó a su familia del lugar confortable y próspero donde vivían en Nicaragua, a un deteriorado departamento de la ciudad de Los Ángeles, California.
Para asegurar el sustento de su familia tuvo que dejar su profesión bien pagada para hacer tareas que nadie quería realizar, por una paga inferior al salario mínimo. José siempre soñaba con volver a Nicaragua, a la vida que conocía y a la tierra que amaba, para criar allí a sus hijos. La esperanza del regreso lo sostuvo en medio de todas las humillaciones que debió soportar como inmigrante que se esforzaba tratando de sostener a su familia.
Tony recibió toda la atención y ayuda que necesitaba: cirugía para corregir un pie deformado y poder caminar, y la mejor educación y fisioterapia que su padre pudo conseguir. Tony prosperó y desarrolló habilidades como artista, músico, atleta y estudiante. Hasta aprendió a tocar espléndidamente la guitarra de su padre, usando los pies.
Pero a medida que pasaban los años, los sueños de su padre iban desvaneciéndose. No podía soportar la idea de no regresar nunca más a Nicaragua, y la tensión en que vivía se le hacía inaguantable. En un intento de evadirse de la realidad, comenzó a beber.
Cuando Tony llegó a la adolescencia, el alcohol había llevado a su padre a una conducta enfermiza de enojo y maltrato. La situación llegó a ser tan mala que los amigos más cercanos a la familia le sugirieron a Sara que tomara a sus hijos y lo dejara. José estaba atrapado en una vertiginosa espiral cuesta abajo; rehusaba toda ayuda y parecía que iba a arrastrar junto a él a toda la familia. Sin embargo, cuando los tiempos se pusieron difíciles, Sara echó mano al lado severo del amor, que es consecuente, decidido y disciplinado. Tony escribió más tarde respecto a la dedicación que su madre tuvo hacia su padre:
– Se negó a abandonar al hombre que amaba.
Ella le dijo a Tony:
– Tu padre renunció a todo lo que anhelaba con la esperanza de darnos lo mejor… luchó contra esta debilidad, pero fue vencido, y yo decidí que no iba a abandonarlo jamás.
José Meléndez murió de cirrosis hepática el 24 de mayo de 1983. Era alcohólico, pero no estaba abandonado. Su familia todavía se encontraba unida, y su hijo continuaba alcanzando las metas que nadie hubiera soñado que lograría. Tony Meléndez tocó la guitarra con los pies para el Papa Juan Pablo II cuando este visitó los Estados Unidos.
¿Dónde se consigue ese amor?
¿De dónde proviene un amor como el de Sara Meléndez? ¿Bastaría con que hagamos una sencilla declaración de autoayuda y nos apropiemos de los cambios que necesitamos? Eso puede servir por un tiempo, pero no para toda la vida.
Depender de nuestras propias fuerzas para brindar las dos caras del amor, es como tratar de empujar un automóvil calle abajo, en lugar de usar el motor. Podemos andar así un trecho, pero cada paso que damos va consumiendo nuestra energía y nos llena de desaliento.
¿Hay alguna alternativa mejor? La verdad es que hay una sola, una fuente de poder que puede cambiar nuestra vida en forma favorable y mantener esos cambios para toda la vida. Encontramos ese camino si enfocamos nuestra atención hacia un escarpado monte donde se eleva los más firme y tierno del mundo.
La muerte de Cristo en la cruz fue a la vez el acontecimiento más duro y más tierno de toda la historia. La cruz representa el más severo juicio del pecado, nuestro pecado, que podamos imaginar.
Pero la cruz es también figura del más tierno amor. Ese amor estaba dispuesto a perdonar a aquellos que le clavaron los clavos, a los que lo escupieron y azotaron, a los que se negaron a admitir que estaban matando al Señor y Rey de gloria.
Ese amor es lo más importante que jamás llegaremos a conocer o experimentar.
Sara Meléndez sabía ser firme y tierna con aquellos que amaba, pero su fortaleza provenía de conocer y vivir el amor de Dios.
Tomado del libro: Las dos caras del amor de Editorial Betania