La Corriente

Yo soy lo que Dios planeó para mí
Ene | 2012 (GMT-3)

Una de las cosas fundamentales en la vida es tener una identidad fuerte. Soy alguien valioso y con un destino.
June Hunt
June Hunt

A quién le importo? ¿Soy importante en la vida de alguien? ¿Tengo algún valor? Si no tiene respuesta a estas preguntas, no está solo. Pocas personas escapamos a las filosas rocas del rechazo que hacen naufragar el alma. Pero Dios no quiere que ninguno de sus hijos se convierta en un alma náufraga. Cuando las aflicciones parecen interminables, o cuando el dolor se presenta en oleadas, debemos recordar que pronto todo pasará. Entre tanto, Dios nos consuela al decirnos: "Tú eres de gran estima ante mis ojos".

¿En verdad se siente valioso delante de Dios? ¿Considera que Él lo ama? Pues aunque no lo sienta así, para Él usted es de alta estima y lo ama. Si la derrota llega a su vida, el amor de Dios es como una enorme ola de seguridad que el compasivo Salvador desea que usted tenga: "… considérense muy dichosos cuando tengan que enfrentarse con diversas pruebas, pues ya saben que la prueba de su fe produce constancia. Y la constancia debe llevar a feliz término la obra, para que sean perfectos e íntegros, sin que les falte nada" (Santiago 1:2-4).

La perla, una de las más asombrosas maravillas de la naturaleza, es resultado del dolor y la irritación. Cuando un grano de arena se introduce por la abertura de la concha de la ostra, de inmediato empieza a tallar el suave tejido interno produciendo una sustancia dura. Con el paso del tiempo, esa sustancia se convierte en una de las gemas más exquisitas del mundo, una hermosa y brillante perla. Es un hecho que cuanto más intensa es la irritación que la arena provoca en la ostra, ¡más valiosa es la perla!

Quizá "el grano de arena" o una prueba insoportable le causan una profunda irritación en este momento. Pero debe saber que Dios no lo abandona; Él tiene un propósito al permitir que las aflicciones entren a su vida. El plan de Dios es perfecto. Él quiere producir una perla de gran precio. Aun en medio de una tormenta, usted está a salvo. Su Salvador lo mantendrá seguro a pesar de la tormenta destructora.

Jeremy Taylor dijo: "Estamos más seguros en la tormenta que Dios envía que en la calma que experimentamos andando en las cosas del mundo".

Por medio de las pruebas que vienen a usted, Dios producirá una calidad que no puede venir de ninguna otra manera. Acepte que tiene gran valor para Él y que desea lo mejor para su vida. El Señor le dice: "Eres de alta estima y honorable antes mis ojos y te amo".

Hay un propósito
perlaMientras estaba en clase, todo iba bien… hasta que llegó el momento de elegir los equipos deportivos. A medida que los capitanes escogían los jugadores, el ambiente se ponía tenso. Por lo menos, para un tímido adolescente que distaba mucho de ser ágil. "Dios mío, odio que me escojan último. Por favor, permite que alguien me quiera en su equipo".

¿Alguna vez ha anhelado que lo escojan porque lo quieren o desean tenerlo en un equipo? Piense una cosa: Dios lo "escogió antes de la fundación del mundo". Dios lo hizo porque lo ama, no porque sea fuerte, inteligente o capaz. No tenemos ningún mérito ni merecemos crédito alguno para ser escogidos. Claramente, Jesús dijo: "No me escogieron ustedes a mí, sino que yo los elegí a ustedes" (Juan 15:16).

Hace muchos años, otro adolescente pasó por el proceso de ser escogido. Dios envió al profeta Samuel a la casa de Isaí de Belén diciéndole que había escogido a uno de sus hijos para ser el siguiente rey de Israel. ¡Qué altísimo honor para la familia! Una vez que Samuel hubo conocido a los siete hijos de Isaí, le dijo que Dios no había elegido a ninguno de ellos y le preguntó si tenía más hijos. Pero había un hijo más, que se encontraba lejos pastoreando el rebaño. Seguramente que él no tenía madera para ser rey. Ante la insistencia del profeta, hicieron venir al jovencito. De inmediato, el Señor le indicó a Samuel que él era el elegido. "Y desde aquel día en adelante el Espíritu de Jehová vino sobre David" (1 Samuel 16:13, RVR60).

Durante una batalla crucial en que Goliat tenía aterrorizado al ejército de Saúl, Dios utilizó a ese joven e inexperto muchacho para realizar una proeza. Imagine usted la sorpresa de los israelitas al ver a David acercarse a Goliat desarmado. ¿Cómo podía ese jovenzuelo aspirar a ganar la batalla? Es que David conocía un principio muy sencillo: cuando Dios decide que hagamos algo, Él nos capacita para hacerlo. En un instante, a mano limpia, David mató al gigantesco contrincante. ¿Cuál fue su secreto? Él conocía la fuente de todo poder. Por eso dijo: "La batalla es del Señor" (1 Samuel 17:47).
Viéndonos como Dios nos ve
Esta verdad sigue vigente hoy. Cuando enfrente a los gigantes de su vida, recuerde que ha sido escogido por el Señor. Ponga su confianza en Él porque suya es la batalla.

Tomado del libro: Viéndonos como Dios nos ve de Editorial CLC.

June Hunt