| La Corriente | ||||
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Cuidémonos de la somnolencia espiritual Sep | 2008 (GMT-3) Para que los sueños se hagan realidad, hay que estar despierto. "Despiértate, tú que duermes, y levántate de los muertos, y te alumbrará Cristo" (Efesios 5:14).
Tal vez nosotros también tengamos que ser sacudidos de nuestro sueño para poseer las promesas de Dios. Asombrosamente, a pesar de todas las señales, prodigios y advertencias que anuncian que realmente estamos en los últimos días, Jesús también dijo que hay una misteriosa somnolencia a la que tenemos que sobreponernos. Ciertamente, tras resaltar las diversas pruebas del final (ver Mateo 24), Él comparó a la Iglesia con unas vírgenes que "cabecearon todas y se durmieron" (Mateo 25:5). Este fenómeno es algo con el que todos luchamos: la tendencia a adormilarnos espiritualmente y perder la concentración mientras esperamos el retorno del Señor. Hay actividad sutil del enemigo que apaga nuestra percepción y seduce nuestro fervor. Nuestra visión toma un lugar secundario ante otros aspectos menos importantes de la vida. Desde el principio, la voz de Satanás ha tenido este efecto adormecedor sobre la humanidad. La excusa de la desobediencia de Eva fue "La serpiente me hizo olvidar" (Génesis 3:13, según la traducción literal inglesa de Young, Young’s Literal Translation). Este sentido de despiste espiritual, somnolencia, es la nube de ceguera que todos debemos discernir y vencer. El Espíritu Santo se refería a esto cuando me habló al corazón a través del siguiente sueño. El templo estaba tan cerca que supe que con poco esfuerzo podría entrar en la gloria de Dios. Su santa presencia estaba claramente a mi alcance. También había otras personas delante de mí a quienes reconocí como gente de mi iglesia. Todos parecían estar ocupados. Y cuando el templo y su luz fueron visibles y accesibles a todos, cada cabeza estaba inclinada hacia abajo y vuelta en dirección opuesta a la luz. Cada cual estaba ocupado con otras cosas.
Había aun menos personas leyendo La Biblia y orando, pero todos seguían con la vista hacia abajo. Cada cual tenía algún tipo de barrera mental entre ellos mismos y el lugar de la presencia de Dios. De hecho, nadie parecía capaz de ponerse en pie, girar ni caminar con seguridad hacia la gloria de Dios que estaba tan cerca. Mientras miraba, de pronto, mi esposa levantó la cabeza y vio el templo en el campo. Se puso de pie y caminó sin esperar, hacia la fachada abierta. Al acercarse más a la luz, se formó un manto de gloria, se espesó a su alrededor. Cuanto más se acercó, más densa era la luz que la rodeaba, hasta que se detuvo en frente del templo y se volvió plenamente hacia el rostro ardiente de Dios. ¡Qué envidia sentí! ¡Mi esposa había entrado en la gloria de Dios antes de que lo hiciera yo! Al mismo tiempo descubrí que nada me impedía acercarme a la presencia de Dios, nada excepto un montón de cosas que hacer, responsabilidades que realmente gobernaban mi vida más que la voz de Dios. Al apartar la carga de estas presiones, decidí levantarme y entrar al templo. Pero, lamentablemente, al levantarme en el sueño… ¡de pronto desperté! El anhelo y la desilusión dentro de mí parecían inaguantables. Había estado tan cerca de entrar en la presencia de Dios. ¡Qué ganas tenía de entrar en el templo y ser consumido en su gloria! Clamé: "Señor, ¿por qué dejaste que me despertara?" De pronto, la palabra del Señor respondió a mi clamor, diciendo: "Yo no quiero que la vida de mi siervo sea realizada en un sueño. Si quieres que tu sueño se haga realidad, debes despertar". Deshacer la pasividad, reorganizar las prioridades Por esta razón, La Biblia dice: "Por lo cual dice: Despiértate, tú que duermes, y levántate de los muertos, y te alumbrará Cristo" (Efesios 5:14). Si realmente queremos que Cristo nos alumbre, primero debemos levantarnos de las distracciones que nos sepultan en apatía y tinieblas espirituales. Francis Frangipane
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