Dios puede obtener todo lo bueno de todo lo malo.
A una mujer que permaneció seis meses en cama alguien le preguntó cómo estaba. Le respondió:
– Me duele la espalda, la cabeza y los brazos, pero aparte de eso me siento muy bien.
En otras palabras ¡si tienes una dolencia en algún aspecto de la vida, piensa en los otros, en los que están exentos de ella! Si tienes una tristeza, piensa en tus alegrías.
William L. Stidger cuenta que un changador le encargó que condujese a su casa a un soldado ciego. Solo cuando el muchacho entró en el porch de su casa sus padres se enteraron de la ceguera de su hijo. La madre rompió en llanto, el padre estaba conmovido y temblaba. Pero el muchacho, manteniendo erguida la cabeza, dijo:
– Puedo soportarlo.
El padre se recuperó y le respondió:
– Hijo, si tú puedes soportarlo, también nosotros.
Tenían espíritu: “El óxido corroe el metal, mientras que los golpes del martillo solo logran endurecerlo”. El óxido de una vida plácida y jamás perturbada puede corroer tu espíritu, pero los golpes de la maza de la tribulación pueden endurecerte.
Pablo habla de “La tristeza que proviene de Dios”. La tristeza proviene de Dios si nos conduce a un mejoramiento de nuestro carácter y una contribución a la humanidad. Pero esa “tristeza” solo viene “de Dios” (2 Corintios 7:10-11). Si permitimos que la compasión por nosotros mismos, el resentimiento y la queja guíen nuestro dolor, seremos guiados a la frustración. Pero si los entregamos a Dios y permitimos que Dios tome el asunto en sus manos con nosotros y por nosotros, terminará exactamente como dice Pablo, en “la salvación”, salvación para nosotros y para los demás.
En la india los chacareros avientan el trigo levantado un canasto con trigo y paja y dejándolo caer lentamente, para que el viento que pasa a través de él separe la paja y el grano caiga al suelo. Los vientos del dolor y la tribulación soplan a través de tu vida, pero no hacen otra cosa que separar la paja del grano. Llegas a ser así un alma zarandeada, limpiada de todo cuanto no valga verdaderamente la pena.

Hay un refrán brasileño: “Dios puede escribir derecho hasta en una línea torcida”. Las líneas de tu vida pueden estar torcidas, pero Dios puede escribir derecho, puede obtener el bien de los hechos torcidos.
Tomado del libro: El camino de Editorial Peniel