La Corriente

Lo vieron por TV
Ago | 2007 (GMT-3)

Un nuevo análisis de los peligros de la televisión sin límites.

Zig Ziglar
Zig Ziglar
El ejemplar del 1 de julio de 1999 del periódico The Dallas Morning News contaba la trágica historia de un niño de siete años que mató a su hermano de tan solo tres años, con una toma de lucha que había visto en televisión. Los luchadores usan esa toma porque están cuidadosamente entrenados y experimentados en cómo hacerla. En la mayoría de los casos, aunque sus “víctimas” se retuercen del dolor y quedan indefensas ante el agresor por cuatro o cinco caídas, se recuperan prontamente y continúan con el ataque.

El detective policial Dan Lesher, al investigar la tragedia, dijo:
– Uno debe supervisar lo que los niños miran por televisión. Los padres son responsables por lo que sus hijos ven.
Las autoridades locales dijeron que no están al tanto de otras muertes o daños graves que tengan relación con películas de lucha, pero la policía y el Dr. Jeffrey Bernard, jefe de médicos examinadores del condado de Dallas, dijeron que ellos conocían un “puñado” de muertes similares o daños severos en otros Estados, en los que había niños implicados.

Hace varios años, un niño mayor en Oklahoma mató a su hermano menor a los golpes, sin darse cuenta del daño fatal que le estaba provocando, ya que en la televisión los personajes siempre se levantaban y continuaban con el juego. Y ahora la Internet, que contiene más de un millón de sitios con pornografía explícita, con mil nuevos sitios pornográficos que aparecen on-line cada día, hace una notable contribución al problema.

¿Cuál es la solución?
Los padres deben tomar tiempo e involucrarse más con sus hijos. Para un niño, amor se deletrea T-I-E-M-P-O. Una de las mejores y más sencillas maneras de pasar tiempo con sus hijos, es hacerse la tradición familiar de comer varias comidas juntos a la semana, especialmente la cena. Cuando la familia almuerza o cena junta, los chicos tienen mejores calificaciones en la escuela y son menos propensos a involucrarse en violencia, drogas, etc.

Mirando tv.Nuestra cosmovisión interna influencia nuestra perspectiva en la vida, y nuestra perspectiva determinará nuestro rendimiento. El número de horas que un adolescente típico de dieciocho años ha pasado mirando televisión, escuchando música y sintonizando MTV y los videojuegos, es astronómico.
Los padres deberían restringir el tiempo de televisión, y mirar con ellos sus programas favoritos para luego poder charlar sobre los temas que surgen. Los padres deben recordar que lo obsceno es obsceno e inaceptable, sea cual fuere la edad.

Los niños deben ver a sus padres como modelo a imitar. Los mayores deberían permitir que sus hijos los vean leyendo libros y revistas de valor, y luego conversar sobre los artículos apropiados para ellos. Hoy hay muchos libros con historias cortas, llenas de lecciones y valores morales. Leer esas historias en la mesa y considerar los temas es una manera formidable de enseñar valores de vida.

Deben fijarse normas. Si algo es ilegal o inmoral, está fuera de discusión. Si es peligroso, la pregunta a considerar sería las posibles ganancias versus las posibles pérdidas. Por ejemplo: una de nuestras hijas quería hacer paracaidismo. Aplicamos ese criterio con nuestra hija, y ella decidió no hacerlo.

La violencia hoy se demuestra en una carrera en la ruta, cuando la gente se convierte en una criatura diferente al estar detrás de un volante y llega a violar los derechos de los demás. El padre que usa un detector de radares está enviándoles a sus hijos un mensaje inconfundible que dice que si han de quebrantar la ley, “mas vale que sean astutos, como su padre o su madre. ¡Muéstrenles que pueden ser más astuto que la ley!”

Debemos insistir para que la educación sobre el carácter se instale en los sistemas escolares. Es ridículo sostener que no podemos enseñar valores como la honestidad, responsabilidad, formalidad, trabajo arduo, integridad y un montón de otras cualidades que nada tienen que ver con religión, aunque son enseñadas por todas las religiones principales.
Actitud de vuelo
Esas son solo algunas pocas cosas que podemos hacer, pero harán una gran diferencia. Si los padres y educadores enseñan cosas buenas, hay menos posibilidades que la violencia y otro tipo de conductas antisociales continúen su curso.

Tomado del libro: Actitud de vuelo de Editorial Peniel

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