| La Corriente | ||||
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No es un avivamiento, es algo mucho mejor Ago | 2010 (GMT-3) Pastores de cientos de iglesias sostienen que la población argentina debe tener una sola iglesia. Hace algunos años podría haberse pensado que esto era imposible, pero algo nuevo se asoma. Algo nuevo que se gesta en el horizonte de la Argentina.
Saracco, miembro del Consejo Pastoral, levantó un clamor al Señor y respondió dicho correo con las siguientes palabras: “No podemos permitir que por 25.000 dólares se cierre una iglesia en Buenos Aires”. Dos días después, pastores de varias denominaciones donaron el dinero para sostener dicha congregación. “Cuando decimos que hay una sola iglesia en Buenos Aires, estas son las consecuencias –explica Saracco–. Si queremos tener una sola iglesia en Buenos Aires, entonces las iglesias locales también deben serlo”. Este es uno de los tantos frutos de la unidad de la Iglesia en la ciudad. “Cuando visitamos los Estados Unidos, no podemos entender la división de las iglesias”, dijo Saracco, pastor de la Iglesia Buenas Nuevas. “Puedes encontrar un pastor en una equina y otro en la otra esquina, y ni siquiera se conocen. En la Argentina, somos amigos”. Pero más que una relación amistosa, es un estado. Mraida estima que mientras el 90% de las iglesias de Buenos Aires experimentaron un crecimiento durante los veinticuatro años suyos como pastor, la ciudad que rodea a la iglesia está significativamente peor en su ámbito espiritual y moral. “Es decir que pareciera que la Iglesia creció pero el Reino de Dios no se estableció –declaró Mraida–. Jesús declaró que el único requisito para que veamos el avivamiento es ser uno, para que así el mundo crea (Juan 17: 20-23). El paradigma misionero de cada uno haciendo lo suyo, no funcionó. Por eso debemos volvernos hacia el paradigma bíblico” –agregó. Las iglesias de Buenos Aires inicialmente trataron de comenzar un movimiento de unidad tras la cruzada del evangelista Billy Graham en 1962, y también luego de la campaña de Luis Palau en 1977, pero ambos intentos fracasaron. “Las iglesias nunca fueron hostiles y competitivas”, dijo Juan Pablo Bongarrá, pastor de la Iglesia La Puerta Abierta, y agregó: “Sino que estaban enfocadas en proyectos individuales”. Pero un espíritu nuevo de unidad se asomó en la década de 1980, cuando cientos de argentinos formaron consejos pastorales gracias a las campañas evangelísticas de Carlos Annacondia. El evangelista requería de la formación de un consejo pastoral antes de visitar alguna ciudad. Dicha década se cerró con dos retiros a los que asistieron más de mil doscientos pastores. El Consejo Pastores de Buenos Aires fue entonces fundado en 1982 por cinco pastores: Bongarrá, Saracco, Mraida, el carismático Jorge Himitián y el pastor bautista Pablo Deiros. “Su punto de inicio fue crear relaciones amistosas entre los pastores, ya que es más fácil unir personas que denominaciones”, explicó Saracco. Luego llegó el tiempo de la reconciliación por errores cometidos en el pasado. El tumulto político durante la dictadura militar de los años 1970 y 1980 creó profundas divisiones entre las principales iglesias, quienes defendían los derechos humanos, y las iglesias evangélicas que mantuvieron una postura neutra, explicó Saracco. En el centro de una cumbre en 1999, frente a más de 250.000 personas, el Consejo pidió que ambos lados se perdonaran. Con el tiempo, los pastores quisieron una estructura formal y así crearon cargos electorales rotativos. “Pero funcionar como una institución formal no funcionó del todo bien, por lo que el Consejo perdió su momento”, explicó Bongarrá. Por eso en 2006 el Consejo invitó a los fundadores –excepto Deiros que había dejado su puesto para asistir al Seminario Teológico– a volver a comenzar y revitalizar el Consejo. Los cuatro fundadores estuvieron de acuerdo con una condición. “Cambiamos la mentalidad y dijimos: ‘Vamos a trabajar no como una institución, sino como una iglesia que se focaliza en los dones espirituales’”, dijo Bongarrá. “¿Qué pastores son evangelistas? ¿Maestros? ¿Profetas? ¿Apóstoles?” Hoy, más de ciento ochenta pastores que representan cerca de ciento cincuenta ciudades y más de trescientos cincuenta iglesias participan del Consejo. El movimiento de unidad pronto pasó de ser una relación fraternal entre pastores, a serlo entre distintas iglesias. Cuando una iglesia anglicana en 2008 se vio forzada a terminar sus clases de escuela dominical por falta de maestros, la iglesia del pastor Saracco envió cuatro voluntarios para que llevaran a cabo el programa de clases durante 2009. Otro de los casos sucedió en 2008, cuando el pastor de una iglesia debió enfrentar la pérdida de su colegio cristiano debido a una demanda judicial. Esto provocó que el Consejo pagara la deuda y los salarios de los maestros hasta que la escuela recuperara su posición. Desde hace cuatro años, el pastor Mraida ha invitado pastores de otras congregaciones y denominaciones para participar de las reuniones mensuales de Santa Cena. Cuando él comenzó a edificar su nuevo templo, el pastor Omar Cabrera de la iglesia Visión de Futuro –situada a tan solo diez cuadras de la iglesia del pastor Mraida–, contribuyó con $ 70.000 para continuar con la construcción. “Muchos pastores me dijeron: ‘¡Ey! Está a solo diez cuadras de tu iglesia’, ‘¿Por qué estás aportando para esa construcción?’ A lo que yo les respondí: ‘Hermanos, pero si somos todos del mismo equipo’”, explicó Cabrera. En junio de 2008 el Consejo organizó cuarenta días de oración que culminaron en tres noches de vigilia en frente del Congreso de la Nación. Unos segundos cuarenta días de oración se llevó a cabo en 2009, y condujo hacia los cincuenta días de campaña desde Pascuas hasta Pentecostés. Los pastores asumieron el sacerdocio buscando que el pueblo de Dios asuma “la responsabilidad espiritual” por cada uno de las doce mil manzanas que tiene la ciudad con unos tres millones de residentes. Voluntarios de muchas iglesias oraron por sus barrios y entregaron folletos y Biblias. Hoy el Consejo ha cubierto siete mil manzanas con voluntarios de más de cien iglesias. Los pastores confían en que para fin de año encontrarán más voluntarios que estén dispuestos a alcanzar las cinco mil cuadras que restan. Además, el Consejo ha lanzado una campaña publicitaria formada por cuarenta proposiciones basadas en el Didache, un antiguo tratado de vida cristiana. Cada dos semanas, la ciudad es saturada con un mensaje que promueve valores cristianos. Se distribuyen a través de periódicos, televisión, radios, afiches, taxis y folletos, todos con el lema: “La Argentina que Dios quiere... con Jesucristo es posible”. Cientos de iglesias han apoyado esa campaña a través de sus sermones cada semana. Han estado tan entusiasmados que ofrecieron al Consejo una suma como de $ 2.000 mensuales, para cubrir las publicidades que tienen un valor total de $ 750.000, por cinco meses. Un reciente ejemplo de evangelismo conjunto sucedió en febrero de 2010, cuando fueron enviados misioneros al norte de África como representantes de la iglesia de Buenos Aires. Las iglesias argentinas han estado enviando misioneros activamente desde que el COMIBAN (Cooperación de Misiones de Ibero América) en una conferencia en 1987 en la ciudad de San Pablo, provocó el movimiento misionero en Latinoamérica. Pero este envío unido de misioneros –apoyado por más de veinte iglesias– trajo un crecimiento nuevo. “Esta idea tiene un potencial enorme para las misiones, un modelo que es posible a pesar de la realidad económica que vive Latinoamérica”, dice Daniel Ruiz, presidente internacional del COMIBAN. El éxito en Buenos Aires llegó en un momento cuando grupos tradicionales de América Latina como CONELA (La Confraternidad Evangélica Latinoamericana) o la CLAI (Consejo Latinoamericano de Iglesias) “pierden relevancia o mueren”, según Ruiz, el actual director de Alianza Evangélica Mundial. “Muchas de las alianzas evangélicas enfrentan una crisis de identidad –agregó. Y además dijo–: Pero gracias a Dios el Consejo de Buenos Aires es un cuerpo muy unido que está trayendo una alternativa para la unidad de las iglesias de América Latina”. “El tipo de unidad a la que representan Saracco y Bongarrá es nuevo. Ellos actualmente realizan cosas juntos”, dijo René Padilla, un gran líder latinoamericano y presidente de la Fundación Kairos en Buenos Aires. Él destaca que la organización es muy activa, pero que ha limitado su influencia a la ciudad y que, además, hay grandes divisiones entre los diferentes grupos. “Es posible encontrar signos de personas que se relacionen más allá de las denominaciones, pero aún queda un largo camino”, comentó Padilla. Las iglesias no deben abandonar sus características propias con el fin de participar. Los pastores acuerdan en los elementos teológicos fundamentales pero, además, acuerdan en no estar de acuerdo en otras cuestiones”, explica Bongarrá. Ellos siguen oponiéndose al divorcio, hablan de la salvación eterna, del bautismo del Espíritu Santo, de la adoración, por mencionar algunos ejemplos. “Estos debates pueden ser importantes en mi congregación, pero no son importantes a la hora de trabajar juntos y de predicar el evangelio en la ciudad –dice Bongarrá–. Aceptamos que las diferencias pueden ser riquezas. Sería muy aburrido si todas las iglesias fueran lo mismo. Imagine que Dios haya hecho un solo tipo de flor; sería aburrido –agregó. Sin embargo, las iglesias están uniendo fuerzas. “Actualmente las principales iglesias están ayudando a otras congregaciones en el área de trabajo social, y estas ayudan a las grandes iglesias en el trabajo de evangelismo”, dijo Bongarrá. Los cristianos disfrutan de una influencia mayor en la ciudad, ya que pueden presentar una unidad cuando enfrentan al gobierno, por ejemplo, como sucedió con respecto al tema del matrimonio homosexual. “Lo más importante para estar unidos es generar un proceso contagioso, no hacer eventos– dijo Mraida–. La unidad de la ciudad es un proceso”. Aquellos que visitaron la Argentina han hablado del avivamiento que observaron. Pero Bongarrá dice: “Hemos crecido en iglesias, pero no en avivamiento. El avivamiento cambia la estructura de la ciudad. Pero ahora tenemos algo mejor que un avivamiento: la unidad. La unidad ha traído la oportunidad para un verdadero avivamiento”. “Nuestra visión es que un día no haya separaciones por denominaciones, y estamos trabajando en esa dirección –dice Saracco citando Juan 17–. Somos conscientes de nuestras diferencias, pero sabemos que algún día no existirán más. Nuestra visión y nuestra meta es llegar a una sola fe. Puede ser que alcanzarla tome cien, doscientos o trescientos años, no lo sabemos. Pero Abraham fue el padre de la fe porque creyó, no porque vio”. Jeremy Weber es editor de Christianity Today Jeremy Weber
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